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Serranía de Cuenca y Alto Tajo

El sol de julio nos deshidrata camino de Albarracín –puerta de la sierra-, tras nuestras correrías por el Maestrazgo. Comenzamos una nueva aventura de baja cilindrada, pero antes tenemos que parar a recuperar líquidos. El páramo es una sartén, donde se sofríen aves descomunales, venidas de allende nuestras fronteras; bordeamos el aeropuerto de Teruel.

Nacedero del río Tajo

Nacedero del río Tajo

Volvemos a ponernos en marcha, mientras observamos que, de nuevo, los cielos quieren demostrarnos lo insignificantes que somos. Desde Cuenca, Sergio nos avisa que por allí, ya está descargando… Vamos muy lozanos, sin prisas, esperando a que las borrascas se diluyan y buscando aquí y allá pequeños desvíos desde nuestra camino principal, como el cañón de Calomarde. El viaje es también aprovechar los inconvenientes para vagabundear y descubrir pequeños rincones. Hay que aprovechar estos vagabundeos, porque al llegar al nacimiento del río Tajo, comienza a descargar y salimos zumbando de allí, bajando hacia Uña como alma que lleva el diablo.

Tormentón

Tormentón en la Serranía

Cuenca nos vuelve a recibir con los brazos abiertos, como Sergio e Isis y sus compañeros caninos. La familia ha crecido, y a Broto le acompaña Júcar, recién acogido en su casa, una vez algún gañan lo hubiera abandonado en los alrededores. Nos esperan un par de días de moto por la Serranía de Cuenca y el Alto Tajo, con sherpa local incluido.

Dominando la serranía de Cuenca

Dominando la serranía de Cuenca

Bien pronto por la mañana, comienza nuestra… (Bueno, cuando nos levantamos, que tampoco hace falta madrugar, que estamos de vacaciones…). Esta bien, pero enseguida nos ponemos en marcha rápidamente… (tampoco hace falta ponerse ¡ya! en ruta. Antes nos preparamos un desayuno de reinonas y jugueteamos un poco con Broto y Júcar…) Bueno, pero en cuanto desayunamos y solazamos con los perros, ya estamos montados en nuestras motos y … (bueno, hacemos un par de ajustes a las cadenas, y …) ¡Está bien, lo conseguimos! Después de levantarnos, desayunar como reinonas, solazar con Broto y Júcar, realizar algunos ajustes a las amotillos, nos pondemos en marcha…

En la hoz de Beteta y el Sumidero de Mata Asnos, nos acompañan las paredes de rocas formando figuras. En ellas, el agua derretida de las nieves ha ido dibujado con colores cenizas, ocres y amarillentos diferentes bocetos. Los pinos serranos ponen la nota verdosa en sus copas y cobriza en el suelo. Si a esto le acompañas un día azul cobalto, y que las carreteras son como la de Fuertescusa: toda una gozada…

Nos acercamos hacia la provincia de Guadalajara, para darnos cuanta de que no sólo de La Alcarria vive esta provincia. La carretera se convierte en un muro de camino hacia Poveda de la Sierra, pero las vanvinas nos trasladan a ritmo asnino: prudente, pero constante. Nos mezclamos con la sierra del Tremedal en la laguna de Taravilla, para contemplar sus aguas verdosas. Una pista que transcurre por estrechos callejones de riscos grises y anaranjados, recubierta entre los desplomes de pinos, sabinas y carrascas, nos acerca a Peralejos de las Truchas, donde Bruce Springsteen es hijo adoptivo de la localidad, ¡ahí es nada!

Camino de la Laguna de Taravilla

Camino de la Laguna de Taravilla

Pensamos que las carreteras siempre han estado ahí, pero en sus tiempos, por estos lugares el río era el principal medio de trasporte, sobre todo para los gancheros que bajan en balsas la madera desde estos lugares hasta la Comunidad de Madrid. Vamos bordeando los cauces de los ríos y con constantes subidas y bajadas; discurrimos por las parameras, donde el pino negro es el que domina el paisaje, tanto por motivos naturales, como económicos, ya que ha sido el que se ha explotado por aquellos rudos gancheros.

Quedamos con Mendo, en algún lugar de la serranía, ya otra vez en la provincia de Cuenca. Nos cuenta que está pensando en cambiar la RV por “otra”. Tratamos de convencerlo, pero no sabemos si le habremos persuadido… A pesar del acoso, ejerce de guía, capitán y cicerone, para acercarnos a algún lugar recondito junto a la zona del “Hosquillo”, un valle formado por el rio Escabas. El nombre de “Hosquillo” proviene de su orografía hosca y de difícil acceso, con lo cual, nos gusta. Nos enseña una torca, que son unos insólitos hundimientos naturales, muchas veces situados en medio del secreto de los pinares, y que a menudo contienen lagunas de aguas transparentes.

 

Atardecer en moto (¿qué mejor que éste?)

Atardecer en moto (¿qué mejor que éste?)

Volvemos hacia el sur, hacia la ciudad de Cuenca, pero no sin antes disfrutar de la zona de Las Majadas. Como su propio nombre indica, un lugar de refugio del pastor y su rebaños, en periodos de transhumancia, un lugar, por tanto, estupendo para vanvanear…

 

(Fíjate que me voy dando cuenta que en otros lugares que hemos vanvaneado estupendamente también había majadas, como la pista entre Cantalojas y Majaelrayo)

 

No hay carreterillas ni nada, por aquí… Merece una nueva visita, sin duda (a estas alturas, algunos ya nos han descubierto más caminillos, para perderse por el Alto Tajo). No nos queda más contemplar el atardecer sobre la zona de Cuenca, de nuevo en moto, ¿qué mejor que éste?

 

 

Atardece en la serranía de Cuenca

Atardece en la serranía de Cuenca

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Maestrazgo (3). A la conquista de Gúdar y Javalambre

Debemos despedirnos de estos lugares y encaminarnos hacia tierras mesetarias. Pero no nos van a dejar marchar sin dejarnos indiferentes. Partiendo de Mosqueruela debemos atravesar la Sierra de Javalambre, con aspecto sosegado desde la lejanía, pero con entusiasmadas escarpaduras en su interior.

Vamos acercándonos a la sierra por carreteras flanqueadas de masadas y fincas situadas en los costados benignos de la sierra, donde, en estos días de julio, rivalizan el yermo estival y la cosecha.

Viaducto de Albentosa (antigua vía del tren)

Viaducto de Albentosa (antigua vía del tren)

Pasamos junto al viaducto de Albentosa, rémora de una antigua vía del tren minero que unía Teruel con el mar. Desde Manzanera nos internaremos a través de un camino encerrado entre pinos a conquistar el Pico de Javalambre . Previamente decidimos parar en una aldea del camino a reposar nuestros traseros e hidratar nuestras gargantas. Paramos a preguntar a un aldeano, que nos mira con sorna al preguntarle por una tasca… ¿Un bar? ¿Aquí?… ¡Si solo somos cuatro gatos…! Tras echarse unas risas con los majaderos motorizados, nos indica que o volvemos hacia Manzanera o si no, deberemos buscar una venta una vez cruzada la serranía… Nos guía convenientemente para hacer esto último.

La carretera va convirtiéndose en camino asfaltado y posteriormente en pista pedregosa, donde veremos algún gato montés y se nos echarán encima (literalmente) un grupo de cabras montesas o corzos, no habiendo que lamentar desgracias personales más allá del canguelo correspondiente.

Subiendo a Javalambre

Subiendo a Javalambre

Una vez en la cima, las praderas peladas de arboledas dejan ver más allá. Poniendo la vista hacia el Maestrazgo, barrunto que estos días atrás hemos realizado una visita al corazón de algo recóndito y misterioso.
Suzuki Van Van Grisácea en Pico de Javalambre

Suzuki Van Van Grisácea en Pico de Javalambre (al fondo el Maestrazgo)

Bajamos al otro lado de la sierra por unas hermosos páramos de alta montaña, salpicados aquí y allá de matorrales bajos. Más abajo nos encontramos cubiertos, de nuevo, de pinares y en los fondos de los valles, chopos  y vegetación alrededor de los sedientos cauces veraniegos.

Caemos en Camarena de la Sierra, como lo harían los secuaces de un grupo de bandidaje serrano: sedientos, hambrientos y algo parcos en palabras. Venimos de la solitaria compañía del Maestrazgo y la sierra y caemos a la cruda realidad. Una imitadora de los colaboradores especiales de los programas de corazón de nuestra querida telebasura, se empeña a voz en cuello a que nos enteremos de todos los entresijos de su vida familiar y del resto de sus amistades y conocidos. Nos dió la comida, ¡si, señora! El ruido como violencia de baja intensidad. Solo la aparición de ¡el chatarrero, oiga!, hace que la voceras deba moderar sus decibelios y (¡por fin!) se vaya a su casa; eso y que tenía que preparar la comida a sus sufridos herederos, que lo dejó alto y claro antes de permitirnos disfrutar de las proclamas celestiales del camión de los electrodomésticos usados, a pesar de las advertencias de los lugareños de la existencia de un punto limpio en los alrededores…

Pico Javalambre (2.020 metros)

Pico de Javalambre (2.020 metros)

Desde Camarena, nos dirigimos a Teruel atravesando pueblicos rojizos como los acantilados de su alrededor. Se cierra así el círculo y en cuatro días hemos pasado por las calcinadas estepas aragonesas, los fríos páramos turolenses y las altas tierras del Maestrazgo.

De camino a Albarracín y bajo la solana de media tarde, me da tiempo a vislumbrar que el viaje por estas tierras tiene más de viaje a interior, al margen de visitar célebres y abarrotados pueblos, repletos de turistas con la cámara al hombro.

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Maestrazgo (2). Las tierras solitarias

El paisaje sigue mostrándose desconfiado y osco al principio, pero es amable y hospitalario una vez te adentras en él.  Hacemos una incursión por el Maestrazgo de Castellón, para volver hacia el sur. Bordeamos las tierras de Morella, a través de Castelfort, Cinctorres… Nombres que nos llevan a pensar en tierras fronterizas y guerreras en otros tiempos. Muchos de estos pueblos se encuentran situados en riscos y, muchas veces, fuertemente amurallados. Todos tienen un aire aristocrático, como queriendo diferenciarse de los pueblos del llano. Nos encontramos con Ares del Maestrat colgado en la montaña, bien defendido con barrancos a su alrededor.

Aras del Maestrat

Ares del Maestrat

Volvemos a cruzar hacia Aragón. El paisaje se muestra deshabitado, poco bondadoso con el ojo humano, pero lleno de una digna solemnidad. No extraña que estos lugares fueran tierra de maquis. Los barrancos, los despeñaderos y las quebradas son el paisaje habitual, propicio para ocultarse y reguardarse de los peligros. En mi caso, se me antoja como un lugar propicio para huir del peligro de la rutina.

La bajada hacia La Iglesuela del Cid fue suave, llena de quietud y de prados verdes. Al llegar, palacios y casonas de piedra adornan nuestro camino. Poco a poco, a ritmo vanvanero y por una collada repleta de pinos y quejigos, nos vamos acercando a Mosqueruela. No encontramos ni un alma por sus calles, pero mientras comemos, se desata el estrépito. Con alboroto pasa una furgoneta y el altoparlante a todo trapo: “¡el chatarrero!, ¡ha llegado el chatarrero, oiga! ¡frigorificos, lavadoras, recogemos chatarra, oiga!”.

La Iglesuela del Cid

La Iglesuela del Cid

Volvemos a rodar por carreteras despobladas. Cuando miramos el mapa Michelín de papel (no somos mucho de GPS), volvemos a ver una carretera pintada en puntos discontínuos. Éstas son la nuestras, las de las Van Van, pero todavía más despoblada y solitaria. Pero estas sendas son tan discretas, que corremos el riesgo de no saber cuando comienza el desvío. No hay problema, somos adictos al PAP (Pregunta al Paisano). En Puertomingalvo, nos acercamos a un paisano que se baja de un Renault 4L y al que le saludan unas cuantas gallinas que le están esperando en un corralillo. Es nuestro “agente de movilidad”. Nos sorprende su castellano con un fuerte acento del norte de Europa, pero nos indica perfectamente por donde nos debemos dirigir.

Decir que la pista para llegar a Castelvispal es revirada y escarpada, es un eufemismo. Creo que no he estado en lugar habitado más recóndito. Se encuentra incrustado en una barrancada imposible, y para ir a él hay que coger el desvío en el camino que va desde  la nada hasta ningún lugar, pero recorriendo el camino más retirado. Cuando llegamos allí, cuatro casas (literalmente) y una ermita nos reciben. Deben de ser tan pocos los foráneos que nos acercamos hasta allá, que unas mujeres salen inmediatamente a la plazuela del pueblo a ofrecernos un café. Agradecidos por la amabilidad de las lugareñas y elogiando la audacia de habitar aquel pueblito, abandonamos el lugar por una carreterilla de curvas, curvones, e hipérboles.

Castelvispal

Castelvispal

Una vez en la carretera principal (desierta) no nos conformamos con ir de manera sencilla al lugar donde alojarnos; vemos un desvío hacia alguna ermita perdida en el monte. Suponemos que comunicará con los pueblos más cercanos (Linares de Mora y Mora de Rubielos), y podremos hacer un recorrido circular. No andamos desencaminados, a veces vagar tiene sus recompensas, y esta vez vagabundeamos entre pinares y pradillos de altura, buen lugar para volver a experimentar el tenaz aislamiento de estos parajes. De camino, saludamos a otro ejemplar de pino monumental de estas tierras: el Pino Letrado. Nos recogenos en Nogueruelas a pernoctar, no sin antes desgustar la gran gastronomía del lugar, incluyendo el queso de Tronchón y la Ternera del Maestrazgo.

Pino Letrado

Pino Letrado

Reflexionando estos días dentro del casco, el Maestrazgo se me antoja como una metáfora del entorno rural de éste nuestro país, que se abandona y se queda ahí, solitario, sumergido en una desatención que no se merece.

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Maestrazgo (1). Las tierras arrugadas

Entre páramos, barrancos, cárcavas y valles, me vienen a la memoria recuerdos de otros viajes. Un gigante ha arrugado un mapa por donde, dos vagabundos vamos empapándonos de estas tierras, en las que en su soledad está la magia. El Maestrazgo debe su nombre a los maestres de las órdenes militares del Temple y de San Juan que se repartieron su dominio en la Edad Media. Han sido tierras ricas, por tanto. Riquezas que ahora no se valoran.

Desde Teruel (otra vez inicio de ruta y de alegría de reencuentro con Juantxi) nos encaminamos a Cantavieja, capital administrativa del Maestrazgo aragonés. Antes nos acercamos a Valdelinares, pueblo mas alto de España. Comenzamos a darnos cuenta de la sobriedad del paisaje que nos acompañará en los próximos días: roquedos, pedregales y bosques conforman su estructura esencial.

Pino Escobón

Pino Escobón

Cerca de allí, no dejamos de ir a saludar al Pino Escobón, un ejemplar único en la comarca. Único y majestuoso… Misterios de la Naturaleza. Esa Naturaleza que por aquí no se anda con chiquitas; a pesar de estar rodando en julio, el cielo se muestra colérico, enojado y quiere caer, con rayos incluidos, sobre los pocos humanoides (motociclistas y ciclistas) que andamos por los barrancos entre Valdelinares y Cantavieja. Un paisano en Fortanete, no ha podido dejar de asomarse a su ventana a ver a dos botarates motorizados aparecer por los arrabales. Nos anima a seguir hacia Cantavieja, augurándonos que no nos mojaremos. El suelo es un desfile de riachuelos, pero nuestro particular hombre del tiempo acierta de pleno a pesar de que los cielos siguen brunos.

Una carretera tobogán nos conduce a Mirambel, un pueblo recogido en sí mismo. Una muralla a su alrededor parece proteger la atracción de sus callejuelas empedradas, como si no quisiera ser desenmascarada. Nos adentramos en sus rúas dignas de película y un cielo encapotado, gris plomo, pone una nota enigmática más a la escena.

Mirambel

Mirambel

Desde la última vez que pasamos por aquí, ha habido grandes arreglos en algunas carreteras. Este hecho quita el glamour de estar rodando por un lugar remoto e inexplorado. Supongo que los heroicos lugareños que habitan aquí, no opinen lo mismo que los aventureros de pacotilla que pasamos por estas tierras solo por afición.

Nuestro siguiente destino en el arrugado paisaje es Tronchón. Otra población típicamente de Maestrazgo: replegada sobre sí misma. Sólo los gatos, literalmente, salen a saludarnos y agradecemos la soledad y el silencio de sus callejuelas. Soledad y silencio que intentamos romper los mínimo posible con nuestras “amotillos”.

Tronchón

Tronchón

Gato curioso

Gato curioso en Tronchón

Atravesamos las sierras, la mayor parte de las veces sorteando la accidentada orografía sembrada de profundos barrancos. Pasada la población de Villarluengo, encaramada a una pared, nos encaminanos hacia los Órganos de Montoro, un conjunto de estratos calcareos que conforman un espectacular farallón, y que asemejan a unos tubos de órgano de grandes proporciones, de ahí la denominación del lugar.

Órganos de Motoro (no del ministro)

Órganos de Motoro (no del ministro)

Rodeando barrancadas, con alguna masía perdida observándonos desde las lindes del camino, vamos encaminándonos hacia el norte. El embalse de Santolea, con sus aguas turquesas es una buena despedida al día. Finalmente desde Cuevas de Cañart, nos acercamos a Castellote, donde reposaremos nuestros maltratados traseros. Las carreteras bacheadas han hecho su trabajo de una manera concienzuda.

Embalse de Santolea (admirando las aguas turquesas)

Embalse de Santolea (admirando las aguas turquesas)

El Maestrazgo se ha mostrado por hoy seco, escarpado, rocoso, pero finalmente generoso con nosotros.

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Camino del Cid (III). Las tres Taifas

No ha habido que lamentar ningún herido en la batalla contra los mosquitos de esta noche. Me levanto y desayuno como un rey. Ruedo camino al este, justo debajo de una niebla que se encuentra adormecida en el fondo del valle del río Jalón. En Calatayud unas chicas muy majas de la Oficina de Turismo, me inundan de folletos informativos del Camino: los nuevos, los antiguos, sobre los castillos de Zaragoza…

Procedo a recorrer todo el valle del Jiloca, un lugar por donde se distribuían las Tres Taifas (Toledo, Zaragoza y Albarracín) en la época de Rodric Díaz. Por el camino me paro en Villafeliche. El sello del lugar es la bomba (literalmente el dibujo de una bomba tipo marca Acme). Está homenajeando al lugar donde se ha molido la pólvora durante siglos: a lo largo del XVI, había más de 180 molinos para surtir a las fortificaciones del norte de España. El explosivo para la defensa de Zaragoza durante los Asedios Napoleónicos en Zaragoza también salía de aquí. Pregunto donde se localiza el “bar del pueblo” que es el lugar de sellado, con lo cual es materialmente imposible no comenzar a entablar conversación con la parroquia. Con una cerveza y compartiendo un plato de altramuces, les pregunto por el dibujo del sello y me comentan riéndose, que se debe a que la gente aragonesa de por aquí es “muy guerrera”.

Ecuación matemática:

(Aragoneses) + [:/] + (Pólvora)2 = [Napoleón por patas].

Espero a Juantxi en Daroca haciendo unas fotos y sellando el salvoconducto. Decidimos recorrer el anillo de Gallocanta que rodea parcialmente le laguna del mismo nombre. En la carretera parcheada una y mil veces, nos empezamos a dar cuenta de lo despoblado del recorrido.

Daroca (Teruel)

Daroca

Entremés. Anecdotario de la ruta.

 – ¡Ah, del castillo!

– ¿Quién viene, por Dios?

– Venimos en busca de la mesnada de El Cid para recorrer el camino de Morella. ¿Dónde podemos encontrar al más valiente de los guerreros?

Los mozos viejos se miran unos a otros como si estuviéramos preguntándoles por Almutamid. Dos de ellos se aventuran a señalar cada cual en direcciones opuestas, y varios, con el rostro azogado, no tienen reacción alguna a la interpelación que les causamos, como si no hubieran visto nunca a caballeros en sus monturas. No sabemos a donde dirigir nuestras monturas, tal es la incuria de sus respuestas.

Vigilantes y a paso calmoso, cabalgamos en la hora de la siesta por las calles desoladas del lugar, cuando encontramos un palacete enarbolado con pendones, insignias y estandartes de los reinos del lugar. Sin duda aquí sabrán decirnos alguna nueva del Campeador. El portón batiente medio abierto invita a entrar, con respeto al lugar, para buscar contestación a nuestras demandas. Si bien vamos pertrechados como debe hacerlo todo caballero que se precie de su defensa, con celada, loriga y cota de malla, lo cual podría provocar recelos en las mentes más prevendas, con recato, sencillez y sumisión entramos la casona. Aun con todo ello, sobresaltamos a una doncella que por allí estaba laboreando las limpiezas de la villa, pensando que nuestras intenciones no eran del todo nobles, a habida cuenta de nuestra indumentaria.

 Con el rostro desencajado nos rebate con estas palabras:

– ¡No sé quien es ese “Mio Cid” del que me hablan, y ustedes no pueden estar aquí!

 Salimos con el rabo entre las piernas, y con la pena de no haber podido tener buenas nuevas del Cid Campeador, a pesar de que en otros lugares del nuestras andanzas siempre hemos podido saber de su destino…

Amable lector, para disfrutar del entremés y solazarse de la anécdota de nuestros protagonistas a la hora de buscar y no encontrar la oficina de Turismo en un pueblo de la Comarca del Jiloca, requerimos su colaboración. Por favor, traslade la situación al tiempo actual (2015) y sustituya:

  • CID y sus sinónimos, por Punto de Sellado.
  • Caballos, por motos.
  • Alnutamid, por marcianos venidos del más alla.
  • Palacete enarbolado, por ayuntamiento.
  • Celadas, loriga, cota de malla, por casco y traje de moto.

 

—–

Monreal del Campo (Teruel)

Monreal del Campo

Una pequeña parada en Monreal del Campo, donde la Bibliotecaria del pueblo nos arranca unos minutos de charla. Mientras busca el sello, admiro el poder de los atracción que tienen los libros de la biblioteca. Está claro que el Camino no solo lo hacen los monumentos, sino que son las gentes que te vas encontrando es lo que más ayudará a rememorar las vivencias del camino.

 

 

Volvemos a la carretera, a encontrarnos con la estepa, en la Siberia de la Península, y no solo por el frío, ya que es el lugar más despoblado de Europa. Otra vez las tormentas a nuestro alrededor. Está claro que esta zona el “Tornado Alley” peninsular. Franqueando el puerto del Tremendal, conseguimos llegar a Albarracín donde nos ponemos tibios de las carnes del lugar y seguimos hablando de motos hasta la hora de reposar nuestros culo-carpetas.

Albarracin

Albarracín

Por la mañana nos acercamos a Teruel, para comprobar que existe. Dando vueltas por aquí y por allá, nos encontramos aparcados en la Plaza del Torico. En esto que nos ven dos patrulleros. “Prepárate que esto es una ciudad y aquí nos van a clavar una multa”, pienso. Juantxi se muestra más tranquilo. Los agentes ni nos miran, se preocupan solo por las motos, finalmente nos preguntan como hemos llegado hasta aquí, indicándoles que soy de fuera y que le había insistido a Juantxi que conoce la ciaudad en ver el Torico, y que en esas nos hemos perdido, etcétera. Un buenas días y un buen viaje y salimos del lugar en modo bici (con el motor apagado y empujando las motos con los pies).

Teruel (Plaza del Torico)

Plaza del Torico (Teruel)

Tenemos que virar hacia el norte, porque queremos ir unos días a Pirineos y decidimos adentrarnos en el Maestrazgo. Mora de Rubielos, Rubielos de Mora, Cantavieja, Mirambel, Morella… bien merecen una nueva visita (que será cercana en el tiempo…)

Cantavieja (Teruel)

Cantavieja

Ha sido una incursión de tres días en el recorrido del Camino del Cid, pero no importa si se realiza el Camino entero o solo un pequeño tramo. Sirve para darse cuenta de la belleza de la geografía de la España interior, aquella flata de playas, compejos turísticos y demás parafernalia. Pero rica en paisajes naturales y paisanaje cultural.  Lo puedes hacer andando, en bicicleta o en moto, pero independientemente de la opción escogida, el Camino del Cid siempre termina por conquistarte.

 

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