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Vuelta a casa desde Almería

Una vez que salimos de la depresión del desierto de Tabernas, nos enfrentamos a las sierras de nuevo. La provincia de Almería se asocia al sol y tierras desérticas, y prueba de ello son las crónicas de estos últimos días. Sin embargo, cuenta con comarcas interiores donde una vez en las alturas se puede apreciar que en ocasiones la nieve hace acto de presencia durante el invierno.

Vamos culebreando por la sierra de los Filabres hasta descender a la comarca de Albox, despidiéndonos definitivamente en este viaje de Almería. Desde la carretera, siluetas blancas sobre barrancos ocres es la panorámica que nos dejan los pueblos como Cobdar, Albox o Taberno. La carretera que nos acerca hasta la comarca de los Vélez, está vigilada por manadas de almendros que como un ejército extraterrestre forman filas sobre la tierra gris lunar. Es todo lo que puedo recordar, debido al sube y baja y al curveteo que nos regaló la AL-7101. “Cuantos más números en la denominación de la carretera más diversión”. ¡Es un axioma garantizado, oiga!

El pueblo de Vélez Blanco presenta un doble encanto: la belleza luminosa de su casas blancas y el emplazamiento de su callejuelas desparramadas alrededor del castillo que corona los primeras recuestas del cerro Maimón, como si quisiera vigilar la entrada de la Sierra María-Los Vélez. Esta vez si que podemos apreciar su belleza: hace unos días cuando veníamos hacia Almería, en ese mismo punto era el blanco del granizo el que nos saludaba. En esta comarca podemos apreciar estepas amarillentas trufadas de encinas, vigiladas de cerca por las crestas calizas de la sierra. Estos lugares luchan porque la denominen nacimiento del río Guadalquivir.

Seguimos por carreteras olvidadas. En el límite entre Lorca y Vélez Rubio, se puede apreciar desde la distancia una viejísima alcazaba que se levanta aún con dignidad. El castillo de Xiquena parece que quiere contar, a quienes sepan escuchar, relatos de escaramuzas en la lucha por la reconquista del Reino de Granada. Al circular por carreteras cuaternarias, tenemos la suerte descubrir paisajes algo insólitos, como una especie de campo de concentración con sus cabañas metálicas alineadas, que resulta ser una granja de cerdos. Así mismo, puedes encontrarte, por ejemplo, con una tortuga cruzando la carretera. Es gracioso ver como, en estas carreteras ignoradas de los mandamases, se pierde el boato de los cartelillos de anuncio de paso fronteras provinciales. Así vamos realizando el paso comunidades por la puerta de atrás, en plan bandolero…

Nos adentramos ya por Murcia, deseando llegar a la provincia de Albacete. Se nota que llegamos La Mancha: el horizonte es más plano, y la carretera rectilínea, sin dejar de ser divertida. Vamos dejando atrás diferentes villas: Caravaca de la Cruz, Calasparra, Jumilla, Yecla, hasta llegar a Almansa.

La jornada siguiente ya es un día en “modo return”. Aunque hoy termina nuestro viaje, no vamos a dejar de disfrutar las carreteras. Nacionales postergadas a un segundo plano, debido a las autovías y vías rápidas. Si a esto le añades la escasa población de las regiones por las que pasamos, las hacen una perita en dulce para rodar por ellas. ¡Que vivan las carreteras secundarias!. Pasamos por Springfield, sin ver a Homer y nos acercamos a la despedida con Hombre Cansado. “Tú a Cuenca y nosotros a Teruel”. Desde allí me dejo caer por la N-234.Una carretera ideal para ir solo, a tu aire, dejando que la moto vaya como quiera, sin agobios, sin tráfico. Pero hete aquí que siempre tiene que haber algún mentecato que se pegue a tí, te adelante en línea continua, te cierre el paso… Y no estoy hablando de varios coches, solo de uno. Una maldición vudú no estaría mal en estas ocasiones…

Pero no me quiero quedar con malas sensaciones de esta semana. Volvimos a ir a Almería, y volvimos a disfrutar de su luz, sus paisajes, sus carreteras.

Nos despedimos de la ruta acercándonos a Bardenas. De nuevo dos  desiertos unidos por una moto…

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Almería. Sierras

Sierra de los Filabres. Puerto de Velefique

En el centro. Ahí se encuentra la Sierra de Los Filabres. Durante estos días nos ha estado vigilando, escondida tras nubes lejanas. Nos recibe un poco tímida: alguna retamas, higueras retorcidas y pequeños campos de olivos y almendros. Las ruinas de algún cortijo y alguna pita despistada completan el panorama. Una subida constante, pero poderosa a través de peñascos ocres y verdosos nos lleva hasta la cima del Calar Alto. Allí se encuentra el observatorio astronómico, que termina de dar el toque marciano a estas cumbres. Algunos jirones de nieve junto a la carretera, nos acompañan hasta el camping-mesón de Las Menas. Allí pude ver a mi amor platónico: una BMW R80 GS Paris-Dakar, totalmente restaurada… Nos da pie a seguir hablando de motos; llevamos hablando de motos 5 días y seguiremos 3 ó 4 más.

Calar Alto. Observatorio Astrofísico Internacional

Tras la montaña rusa emocional, ahora toca la de verdad: bajar a Bacares, subir la Tetica y descender el puerto hasta Velefique… Un porrón de metros de desnivel entre las subidas y la bajadas. La parte sur del Alto de Velefique es la más conocida, pero la que baja hasta Bacares, es también una delicia. No me extraña que este puerto sea conocido como “el Stelvio español”. Como yonquis de las curvas, nos tiramos montaña abajo…¡Como si no hubiéramos tenido curvas por hoy! Con el jirón naranja del atardecer reflejándose en las cumbres de la sierra, vamos descendiendo. Arriba, los cerros van pasando del rojo al cárdeno, y abajo, en el desierto, se van apoderando los azules y grises.

Sierra de Alhamilla. Cerca de Níjar

Junto a Tabernas la Sierra Alhamilla hace de farallón defensivo frente al mar. Vamos a subir hasta Colativí, y antes de salir y como muchas otras veces, la gente nos pregunta por las motillos. Esta vez con la suerte de que un paisano aficionado a las motos, nos sugiere y nos invita a ir por la pista de tierra que va de camino a su cortijo. ¡No se hable más, señor! Era un camino que el año pasado habíamos visto con ojos golosos y que nos transporta, en una sucesión de curvas de ocre tierra batida hasta el Pico Colativí.

Sierra de Alhamilla. Cerca de Turrillas

Desde allí podemos contemplar dos panoramas cercanos y distantes. Hacia el norte las suaves crestas del desierto: un oleaje áureo, que dibuja un mar sobre la arena. Al fondo las sierras azuladas, donde estuvimos ayer. Hacia el sur, Níjar y toda la extensión del campo de Gata que acaba en el océano. Entre nosotros y el Mediterráneo, en la lejanía, una hilera de color blanco sucio del plástico de los invernaderos, discordante con todo el paisaje.

Pico Colativi

Nos dirigimos hacia Níjar; bueno más bien nos despeñamos. El desnivel de la pista a su paso por Huebro, merece ese calificativo: despeñarse. Paramos en la plaza rodeada de casicas blancas a repostar, pero rápidamente nos abalanzamos de nuevo hacia los cerros marrones y pelados de la Sierra. La carretera no se si serpentea, zigzaguea o culebrea… Nos lleva a las ruinas de hornos de calcinación de Lucainena, testimonio del pasado minero de estas tierras. Descendemos de nuevo la Sierra de Alhamilla, pero esta vez de cara a las ramblas del desierto. En la bajada, nos encontramos con un ciclista hecho polvo. Destrozado nos comenta si queda mucho para la cima. Es la última subida de hoy, acude desde Baza hasta Lucainena campo a través., más de 90 km de subidas y bajadas. Tiene la cara desencajada, pero nos comenta que se encuentra bien, que solo necesita descansar unos minutos y tomar agua y algún fruto seco.

El día se va acabando y nos despedimos del erial de Tabernas. Cuando pase el tiempo (por ejemplo: un mes, cuando escribo esto), echaremos de menos estas ramblas secas, y pensaremos de nuevo en ir a algún otro lugar…

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VANdalucía (2). Almería: desierto, mar y montaña.

Desierto

Desierto y Mar

Nos encontramos con Pluto, Ilak y Suso. Ayer llegaron más pronto que nosotros, y ahora por la mañana comentamos la jugada… Tenemos una semana por delante para deleitarnos con las carreteritas desde Cabo de Gata hasta La Alpujarra. Ellos disfrutaron ayer del Puerto de Velefique. Lo tenía marcado en la hoja de ruta, pero finalmente no lo podré hacer. Ya tengo excusa para volver.

Las monturas en Mini Holliwood

Hemos quedado con Lokkis, un vanvanero de Almería, para que nos hiciera de anfitrión en tierras almerienses. Él ha tenido la “culpa” de que me bajara hasta aquí, con sus crónicas en el Foro. Teníamos previsto hacer hoy una ruta por la zona de Calar Alto, pero al final cambiamos los planes para subir al Pico Colativí. Antes pasamos por la zona de los Holliwoods almerienses (MiniHolliwood y TexasHolliwood). Tras la jornada de hoy comprenderemos porqué producciones como “Indiana Jones y la Última Cruzada”, “Patton”, “Lawrence de Arabia”, “El Bueno, El Feo y el Malo” o “Cleopatra”, eligieron estos lugares como escenarios.

Vanvaneando por el Desierto de Tabernas

Vanvaneando en Desierto de Tabernas

Vanvaneando en Desierto de Tabernas

Según vamos subiendo hacia el Pico Colativí, podemos ir observando el erial que se va ampliando a nuestros pies. Pocos lugares como los desiertos son capaces de aunar con perfección en su paisaje, la desolación y la belleza. La escasa o nula presencia de vegetación sobre el terreno, con una variada gama de colores, blanquecinos, marrones, ocres, terracotas, amarillentos, grises y rojos, hacen que este paisaje lunar cause un gran impacto visual y emocional al viajero. Los romanos llamaron a esta zona que se extiende desde Almería hasta Murcia Campas Spartarius, ya que en ella solo valoraron que crecía el esparto. Pero el observador que tiene sentido del paisaje aprecia la belleza que se encuentra en ella. Cerros pelados dan lugar a barrancos erosionados por las escasas lluvias que se vislumbran de carácter torrencial. Abundan los montículos arenosos, las zanjas y las ramblas secas originadas por los torrentes de agua de lluvia a lo largo de los años.

Bajando del Pico Colativi (Huebro y al fondo los mares)

Por una divertida pista llegamos al Pico Colativí, desde donde podemos observar el mar Mediterráneo y las costas del Cabo de Gata. Así mismo, según vamos descendiendo por la zona de Huibro, y a través de una luz seca, engañosa, podemos ver como toda la costa está cubierta de otro tipo de mar, el océano de plásticos de los invernaderos. Atravesamos Níjar, y nos dirigimos hacia el mar, atravesando pequeños valles como el del Pozo de los Frailes, adornados con chumberas y con un verdor que no habíamos observado hasta ahora. En San José pudimos degustar alguna vianda típica de estos lugares.

Campillo de los Genoveses (Cabo de Gata)

A la tarde, y siempre guiados por Lokkis, nos adentramos en el Cabo de Gata por el este. Una pista que en ocasiones está cerrada al tráfico, nos conduce al Campillo de los Genoveses, un pequeña ensenada que se sitúa entre la sierra de Gata y el mar Mediterráneo. El nombre está relacionado con una interrupción del dominio musulmán de esta zona entre 1147 y 1157, el decenio en el que se mantuvo la ocupación cristiana llevada a cabo por una coalición liderada por Alfonso VII (rey de Castilla y León). En ella tomaron parte aragoneses y una flota de genoveses, todo ello con el beneplácito del Papa Eugenio III, que le dio carácter de cruzada. Una flota genovesa se mantuvo oculta durante el asedio de la ciudad de Almería en la ensenada en la que nos encontramos, de ahí su nombre. Pitas, pencas y chumberas adornan el camino, que junto con el prado florecido de amarillo, con alguna pincelada roja, y al fondo el mar, dan a este lugar una combinación cromática especial. Toda una delicia. Un poco más allá la Playa de Monsul, lugar cinematográfico donde el Sean Connery, en el papel de padre de Indiana Jones, derriba a un caza alemán, con la simple ayuda de un paraguas.

Cabo de Gata

Nos acercamos ahora hacia el Faro del Cabo de Gata. Una carretera paralela al mar, con la costa nuestra derecha y las salinas y las montañas rojizas de origen volcánico a la izquierda, nos dirige hasta la ensenada del cabo de Gata. Atravesamos Torre García y la capilla de Las Salinas, que señala el lugar donde hubo una aparición a unos pescadores en 1502. Tras una pequeña colina, podemos apreciar el lugar donde se alza el Faro. Hasta allí llegaremos: es el final del mapa que me desvelaba de mis sueños hace unos días. De nuevo Grisácea se ha portado…

El Mar en Cabo de Gata

Salinas en Cabo de Gata

Rambla y Montaña

Al día siguiente nos acercamos a la zona de Santa Fe para hacer unas pistas. Desde Tabernas se atraviesa la escarpadura que forma el lecho del río Andarax, donde el verde profundo de los naranjos, contrasta fuertemente con los tonos ocres ligeros y fuertes de las ramblas y llanuras del desierto. Una vez en Santa Fe seguimos la máxima vanvanera para llegar a todos los lados, menos sofisticada que el GPS pero más eficaz: el PAP (Preguntar Al Paisano). Preguntando se llegó a Roma, y “Preguntando al Paisano” te indica la carreterita o la pista por donde quieres y puedes vanvanear… Así que, nos acercamos a la plaza el pueblo a almorzar y a preguntar a los paisanos. Conseguimos la información precisa, y yo me quedé hablando con el señor Simón, al que todos en la plaza le saludaban; fue barbero “de navaja”- como me dijo él-, ferroviario y también muy parrandero. “Ahora los euros no sirven para nada, antes una perra gorda, y te ibas toda la noche de jarana. ¡Toma, para que se lo des a tu hija, que así conocerá lo que es la peseta!”, me dice dándome una moneda de 100 pelas. La guardaré durante todo el viaje hasta llegar a casa… Me despido de él y nos acercamos hacia el erial.

Vanvaneando en Tabernas

Una rambla a ratos arenosa y en ocasiones pedregosa, nos va acercando a Las Alcubillas. Hace calor y en estas hondonadas aun más. La rueda de atrás colea y colea. Atravesamos un par de veces las vías del tren (hacía años que no pasaba un paso de tren sin barreras). Parecen abandonadas, y si apareciera un convoy ferroviario, a lo mejor aparecen “Rubio”, “Sentencia” y “Tuco” desde la colina más próxima. En vez de eso, aparece un pastor, que apremiado por Pluto (todo un maestro en la técnica PAP), nos dice que vamos en la buena dirección.

Tráfico en la Rambla de Santa Fe

Por la tarde, decidimos dejar atrás el desierto y subir a las montañas. A la mañana estábamos clavando rueda en la arena del desierto, y a la tarde en la nieve de la Sierra de Los Filabres. Nos vamos alejando del mar y una vez ganamos altura, apreciamos toda la zona de la costa, vislumbrando Sierra Nevada, hasta llegar al Observatorio Astronómico. Ahora hace frío, me ha venido bien la cazadora tricapa… Los vanvaneros se divierten como niños en los neveros, solo falta la guerra de bolas…

Observatorio Astronómico de Calar Alto

Bajamos hacia Gergal para ir directamente hacia Tabernas, pero el mapa Michelín (¡qué bonico él!), nos indica que hay otra carreterita sin definir entre Olula de Castro y Castro de Filabres, para que vamos a ir directos ¿no? Otra montaña llena de curvas…

Sierra de los Filabres

Atardece. Uno de los momentos que más me gusta de los viajes en moto es que te pille atardeciendo. Significa que no tienes prisa por llegar a casa, que no hay obligaciones por hoy ni mañana… ¿se le podría llamar libertad? Entre Desiertos y Sierras han transcurrido las jornadas en Almería. En Tabernas, paramos a tomar una cerveza. El jefe del garito nos invita a una ronda, nos comenta que es de Marruecos, y es la guinda del pastel para tener un deja vú . Nos acercamos a cenar al Route 66, una costillas “american style”, y tras llegar al hotel, nos retrasaremos en ir a la cama, ya que una fiesta de despedida de los un nutrido grupo de estudiantes de geología ingleses que se alojan allí, va a hacer que no podamos dormir en un rato. Si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él…

Nos vemos en el siguiente post…

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