Camino del Cid

Hay varias formas de disfrutar los viajes; una de ellas es recordándolo. Esto que empiezas a leer, amigo lector, se trata de una crónica de una pequeña incursión por el recorrido del Camino del Cid, realizada en septiembre de 2015. De los 2000 km aproximadamente que cuenta en todos su itinerario (incluyendo ramales y rutas circulares) realicé unos 800 km sin seguir al pie de la letra el recorrido exacto por problemas de agenda. La ruta merece ser realizada en su totalidad y con tiempo suficiente para disfrutar de todas sus singularidades.

El Camino atraviesa ocho provincias (Burgos, Soria, Guadalajara, Zaragoza, Teruel, Castellón, Valencia y Alicante) y cuatro comunidades autónomas (Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón y Comunidad Valenciana) del interior peninsular. Muchos de los lugares por donde transcurre, son los más despoblados del país. De tal modo que se puede disfrutar de la soledad de la carretera con el soniquete debajo del casco: “¿que coñe hago yo aquí, en moto, en pleno agosto, a las 5 de la tarde, a más de 40 grados al sol, y con una tormenta que me persigue?” Pues es muy fácil: disfrutar de que sigues vivo, ¡melón!

Parte de “El Destierro”

Grisacea en la Legua 0

Me acerco desde Poza de la Sal hacia Burgos, con el cielo limpio de nubes, después de difuminarse la niebla matutina que me ha acompañado unos kilómetros por el valle del Ebro en La Rioja. Me dispongo a comenzar el camino en si, y llego a Vivar del Cid. Me apetece mucho sellar el salvoconducto en el primer punto de la ruta. Dicho documento se puede conseguir en las oficinas de Turismo y se puede ir sellando, a modo de recuerdo por los pueblicos, villas y ciudades donde pasas. Hay más de 350 puntos de sellado (oficinas de turismo, hoteles, albergues y bares) y sirve, como reza su inscripción, para:

«andar y viajar a salvo por las tierras y reynos que yo,

Rodrigo, caminare e viere e conosciere».

Cada sello tiene un diseño único y diferente, con alguna referencia a la historia de la población, como iremos viendo. Lo bueno es que muchos de los lugares de sellado son el único bar del pueblo, con lo que ya tienes la conversación asegurada… Bueno, pues como iba diciendo, el primer punto de sellado está cerrado; es un bar y es un sábado a media mañana… No digo más. Durante el resto de la ruta no tendría mayores problemas para conseguir los sellados, salvo en un lugar en el centro de Teruel, como veremos más tarde.

Desde aquí me aproximo a Burgos, la urbe más grande por donde pasaré en mi particular camino del Cid pero aun con todo, da gusto rodar por estas pequeñas ciudades, sin miedo a perderse en ellas y tomar salidas equivocadas. Es sábado de finales agosto a media tarde, y no hay tráfico por las calles. Desde una esquinita Grisácea posa con timidez con la catedral de Burgos al fondo, ya que el acceso solo puede hacerse a pie. Superada la tentación de abandonarse a una siesta bajo la sombra de los sauces del paseo del Espolón, paso junto a la Glera, donde dicen que se situó el campamento del Cid antes de su Destierro. Cruzando por el puente de San Pablo la ruta me lleva hasta la estatua ecuestre del Mio Cid.

Burgos. La Catedral

Salimos de Burgos camino del destierro y nos dirigimos hacia la zona del Monasterio de San Pedro Cardeña, otro de los los puntos de sellado que me más me interesaba por sus características: la abadía se encuentra escondida en una ensenada entre los árboles, siendo el “abate” portero el que nos pone el sello en el salvocoducto. Charlamos un pequeño momento sobre la vida monacal, y me despide amablemente diciendo que rezarán mucho por mí para tener un buen camino. Le respondo que al menos recen para que no me pillen las tormentas que están arremolinándose por los alrededores. Alguno me dijo que por caridad cristiana pidiera un chupito de Tizona, pero los licores etílicos a media tarde, con 40º a la sombra y conduciendo en moto no son de lo más recomendable.

Totalmente despoblado de paisanos me recibe la zona que circunda la Sierra de Mamblas. Carreteras cuaternarias y de cuando en cuando, un cartel informativo de color granate con la cara ceñuda del señor de Vivar ,señala el rumbo a seguir. Paro en la ermita de Quintanilla de las Viñas para contemplar más de mil años de historia en sus lienzos de piedra. Una parada en Mecerreyes, hoy de fiestas patronales; y el sellado se hace en un bar (¡tiri, tiri, tiri…!): ¿de donde vienes?, ¿a donde vas?, ¿¡con esa moto?!, ¡pues si que mola, aunque solo sea de 125…! A la afueras del pueblo imposible no toparse con la silueta de la estatua del Mio Cid. Unas fotos y grabaciones, vigilado atentamente por las abuelas que por allí paseaban. ¿Qué hará el muchacho ese?

Covarrubias, Cuna de Castilla. Varios lugares de esta villa son merecedores de una buena foto: el Torreón de Doña Urraca, la casa de Doña Sancha, el Arco, la Colegiata, el puente que salva el Arlanza y en general, cualquier rincón de sus callejuelas… Sencillas son las viandas que me ponen encima de la mesa en el Restaurante Galín; sencillas pero excelentes: una ensalada, morcilla de Burgos, chuletillas de cordero y un buen tinto de Rivera del Arlanza. Y digo yo: esto ya lo conocerían en la época del Cid, ¿no? La gente está de juerga, tomando vinos por las calles, cuando de repente se abre el cielo y cae una buena tormenta que refresca el ambiente y despeja las calles. Me acerco al hotel a descansar, con la tontería me he cascado hoy 300 km bajo el sol de Castilla La Vieja.

Mecerreyes. Rendiendo pleitesía a Mio Cid

“El Destierro”. “Tierras de Frontera”

Por la mañana, lavado, peinado y con muda nueva, me dispongo a continuar mi travesía. Mientras desayuno me doy cuenta que ni de coña voy a poder hacer todo el camino y voy ojeando los mapas y algún blog que me han puesto los dientes largos, pero solo dispongo de un par de días más y una montura escasa de caballaje (aunque ávida de peripecias…). Como somos mucho de parlotear con los paisanos, con la charla con la jefa del hotel me olvido de devolverle las llaves de la habitación. Menos mal que había bajado al pueblo a seguir haciendo fotos, y la cosa se resuelve con un par de llamadas al móvil…

No auguran nada bueno las nubarrones hacia babor… Las tormentas comienzan desde la mañana. Paso debajo de la borrasca, pero no quiere descargar nada de agua. A lo mejor es obra del abate y sus compañeros…

Me acerco al Burgo de Osma, el punto de sellado está en pleno centro del pueblo, en una calle peatonal. Me meto como si fuera una bici. Me ve pasar un patrullero municipal. Le pido disculpas. Vuelvo a salir “chino-chano” y comenzamos una charla con el patrullero que allí me esperaba. Me dice que solo me ha dejado pasar por llevar “esa” moto. Lo típico:

  • ¿Desde Pamplona?
  • Si, poco a poco.
  • ¿El camino del Cid? ¿Entero? ¿Hasta Valencia?
  • Bueno todo no, lo que se pueda en unos tres días.
  • Muy bien, muy bien – mirando la moto de reojo- ¡Buen camino y que pase usted un buen día!
  • Hasta otra señor agente, ha sido usted muy amable…
  • Circule con cuidado, tenga en cuenta que estamos en una calle peatonal ¿eh?
  • … Estooo, si, ¡gracias!

Hoy me va a dar tiempo de darle vueltas bajo el casco recalentado con el sol de Castilla. El personaje de El Cid está un poco a caballo de la historia y la leyenda. Unos hablan de un gran guerrero, de amplia valentía, prudencia, generosidad, piedad, honradez y rectitud. En otros casos se habla de un mercenario, jefe de su propio destino que no buscaba más que su propio pan. En cualquier caso, lo cierto que su vida y obra han sido de las más estudiadas, llegando su leyenda hasta nuestros días.

Castillo de Gormaz

De castillos esta lleno el Camino. Uno de los más visibles en derredor es el de Gormaz, dominando desde una colina parte del erial. Subo hasta él por una estrecha carreterilla bordeando parte de sus murallas, para descubrir hacia donde dirigiré la moto. Antes me paro en el “club social” de la localidad a que me sellen el salvoconducto. Después de una charla sobre las características de la moto, un amable lugareño se empeña en convidarme a un vaso de vino. Le digo que voy conduciendo, pero persiste en su invitación. Mientras vamos charlando, salgo del local y sigilosamente consigo esconder un vaso de tubo lleno de tintorro entre las macetas de una ventana…

Berlanga de Duero

La estepa soriana: llevo unos 150 km por carreteras de segunda y de tercera, sin cruzarme nada más que con algún zorro despistado. Pero eso sí, en medio de la nada surgen pueblos como Berlanga de Duero y su castillo al fondo. Un muchacho de unos 15 años, con camiseta del futbol ultimo modelo, pantalones pirata y zapatillas Coverse -versión AllStars- se me acerca a ojear la moto. Le digo que es una moto para “viejóvenes”, aunque parezca algo más. Se descojona (no se si de mí o de mi broma) y me advierte de que tenga cuidado con los corzos, que últimamente se acercan mucho a las carreteras. Se marcha con aire de John Wayne perdonando varias vidas. En la Oficina de Turismo me indican que merece la pena la visita a la iglesia de San Baudelio. Allá que me acerco a ver los frescos de la Capilla Sixtina del arte mozárabe. Se me antoja sobria por fuera pero bonita en su interior, algo así como el paisaje que me rodea…

Castillo de Medinaceli

No tengo más remedio que continuar a pesar de la canícula. Me habré cruzado con dos o tres vehículos en toda la jornada… Toda la peña está en la playa, ¿verdad Alfredo? Grisácea me acerca a Medinaceli y su austera fortaleza situada en un risco desde donde domina el cauce del río Jalón. Todavía sigue siendo esta zona cruce de caminos, parece que al menos desde la época de la Antigua Roma y por supuesto de la de El Cid. Cargo el depósito y pido un bote de Loctite en la gasolinera. El jefe me mira como si la necesitara para esnifarla o algo así. Con un gesto -elevando el pie-, le indico que la suela de la bota ha decidido tomar vida, y parece que quiere hablar…

Arco Romano (Medinaceli)

Se nota que la antigua N-II desde Medinaceli hasta Arcos de Jalón, tuvo tiempos mejores. Ahora sobrevive como simple vía de servicio, serpenteando a través de pequeños cañones, toda plagada de túneles, entre el río y las vías del tren; sin un solo vehículo a motor por ella… O sea un paraíso… Hasta que, por narices, me tengo que meter unos kilómetros en la autovía.

Ateca también me recibe en fiestas; junto al hotel se ha organizado un concierto de bandas de música municipales; pasodobles y jotas me acompañan al descargar la motillo. Me cuesta un poco, pero encuentro un pequeña taberna donde seguir con la dieta sencilla. Honrando de nuevo a los productos de la tierra: unas longanizas aragonesas y huevos fritos, me servirán para recuperar fuerzas. Esta noche, de nuevo, el cielo se abre: una tromba de agua durante unos minutos hace que las gentes del lugar no recuerden tamaña tormenta en tropecientos años, para celebralo el jefe del garito me pone un pacharán por su cuenta….

Dejé la ventana abierta de la habitación del hotel, y un millardo de mosquitos me arroparán esta noche…

“Las Tres Taifas”. “Anillo de Gallocanta” . “Anillo de Morella”

No ha habido que lamentar ningún herido en la batalla contra los mosquitos de esta noche. Me levanto y desayuno como un rey. Ruedo camino al este, justo debajo de una niebla que se encuentra adormecida en el fondo del valle del río Jalón. En Calatayud unas chicas muy majas de la Oficina de Turismo, me inundan de folletos informativos del Camino: los nuevos, los antiguos, sobre los castillos de Zaragoza…

Procedo a recorrer todo el valle del Jiloca, un lugar por donde se distribuían las Tres Taifas (Toledo, Zaragoza y Albarracín) en la época de Rodric Díaz. Por el camino me paro en Villafeliche. El sello del lugar es la bomba (literalmente el dibujo de una bomba tipo marca Acme). Está homenajeando al lugar donde se ha molido la pólvora durante siglos: a lo largo del XVI, había más de 180 molinos para surtir a las fortificaciones del norte de España. El explosivo para la defensa de Zaragoza durante los Asedios Napoleónicos en Zaragoza también salía de aquí. Pregunto donde se localiza el “bar del pueblo” que es el lugar de sellado, con lo cual es materialmente imposible no comenzar a entablar conversación con la parroquia. Con una cerveza y compartiendo un plato de altramuces, les pregunto por el dibujo del sello y me comentan riéndose, que se debe a que la gente aragonesa de por aquí es “muy guerrera”.

Ecuación matemática:

(Aragoneses) + [:/] + (Pólvora)2 = [Napoleón por patas].

Espero a Juantxi en Daroca haciendo unas fotos y sellando el salvoconducto. Decidimos recorrer el anillo de Gallocanta que rodea parcialmente le laguna del mismo nombre. En la carretera parcheada una y mil veces, nos empezamos a dar cuenta de lo despoblado del recorrido.

Daroca (Teruel)

Daroca

Entremés. Anecdotario de la ruta.

– ¡Ah, del castillo!

– ¿Quién viene, por Dios?

– Venimos en busca de la mesnada de El Cid para recorrer el camino de Morella. ¿Dónde podemos encontrar al más valiente de los guerreros?

Los mozos viejos se miran unos a otros como si estuviéramos preguntándoles por Almutamid. Dos de ellos se aventuran a señalar cada cual en direcciones opuestas, y varios, con el rostro azogado, no tienen reacción alguna a la interpelación que les causamos, como si no hubieran visto nunca a caballeros en sus monturas. No sabemos a donde dirigir nuestras monturas, tal es la incuria de sus respuestas.

Vigilantes y a paso calmoso, cabalgamos en la hora de la siesta por las calles desoladas del lugar, cuando encontramos un palacete enarbolado con pendones, insignias y estandartes de los reinos del lugar. Sin duda aquí sabrán decirnos alguna nueva del Campeador. El portón batiente medio abierto invita a entrar, con respeto al lugar, para buscar contestación a nuestras demandas. Si bien vamos pertrechados como debe hacerlo todo caballero que se precie de su defensa, con celada, loriga y cota de malla, lo cual podría provocar recelos en las mentes más prevendas, con recato, sencillez y sumisión entramos la casona. Aun con todo ello, sobresaltamos a una doncella que por allí estaba laboreando las limpiezas de la villa, pensando que nuestras intenciones no eran del todo nobles, a habida cuenta de nuestra indumentaria.

Con el rostro desencajado nos rebate con estas palabras:

– ¡No sé quien es ese “Mio Cid” del que me hablan, y ustedes no pueden estar aquí!

Salimos con el rabo entre las piernas, y con la pena de no haber podido tener buenas nuevas del Cid Campeador, a pesar de que en otros lugares del nuestras andanzas siempre hemos podido saber de su destino…

Amable lector, para disfrutar del entremés y solazarse de la anécdota de nuestros protagonistas a la hora de buscar y no encontrar la oficina de Turismo en un pueblo de la Comarca del Jiloca, requerimos su colaboración. Por favor, traslade la situación al tiempo actual (2015) y sustituya:

  • CID y sus sinónimos, por Punto de Sellado.
  • Caballos, por motos.
  • Alnutamid, por marcianos venidos del más allá.
  • Palacete enarbolado, por ayuntamiento.
  • Celadas, loriga, cota de malla, por casco y traje de moto.

 

—–

Monreal del Campo (Teruel)

Monreal del Campo

Una pequeña parada en Monreal del Campo, donde la Bibliotecaria del pueblo nos arranca unos minutos de charla. Mientras busca el sello, admiro el poder de atracción que tienen los libros de la biblioteca. Está claro que el Camino no solo lo hacen los monumentos, sino que son las gentes y los pequeños lugares que te vas encontrando, lo que más ayudará a rememorar las vivencias del camino.

 

 

Volvemos a la carretera, a encontrarnos con la estepa, en la Siberia de la Península, y no solo por el frío ya que se ha declarado como el lugar más despoblado de Europa. Otra vez las tormentas a nuestro alrededor. Está claro que esta zona el “Tornado Alley” peninsular. Franqueando el puerto del Tremendal, conseguimos llegar a Albarracín donde nos ponemos tibios de las carnes del lugar y seguimos hablando de motos hasta la hora de reposar nuestros culo-carpetas.

Albarracin

Albarracín

Por la mañana nos acercamos a Teruel, para comprobar que existe. Dando vueltas por aquí y por allá, nos encontramos aparcados en la Plaza del Torico. En esto que nos ven dos patrulleros. “Prepárate que esto es una ciudad y aquí nos van a clavar una multa”, pienso. Juantxi se muestra más tranquilo. Los agentes ni nos miran, se preocupan solo por las motos, finalmente nos preguntan como hemos llegado hasta aquí, indicándoles que soy de fuera y que le había insistido a Juantxi que conoce la ciudad, en ver el Torico, y que en esas nos hemos perdido, etcétera. Un buenas días y un buen viaje y salimos del lugar en modo bici (con el motor apagado y empujando las motos con los pies).

Teruel (Plaza del Torico)

Plaza del Torico (Teruel)

Tenemos que virar hacia el norte, porque queremos ir unos días a Pirineos y decidimos adentrarnos en el Maestrazgo. Mora de Rubielos, Rubielos de Mora, Cantavieja, Mirambel, Morella… bien merecen una nueva visita (que será cercana en el tiempo…)

Cantavieja (Teruel)

Cantavieja

Ha sido una incursión de tres días en el recorrido del Camino del Cid, pero no importa si se realiza el Camino entero o solo un pequeño tramo. Sirve para darse cuenta de la belleza de la geografía de la España interior, lejos de playas, compejos turísticos y demás parafernalia. Pero rica en paisajes naturales y paisanaje cultural. Lo puedes hacer andando, en bicicleta o en moto, pero independientemente de la opción escogida, el Camino del Cid siempre termina por conquistarte.

 

Un sitio web WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: