MARRUECOS (Suzuki VV Morocco)

SUZUKI VAN VAN MOROCCO 2014

Suzuki Van Van Morocco 2014

 

Mapa de la ruta por Marruecos con la Suzuki Van Van (RV 125)

—- DIA 1. TARIFA – TÁNGER – TETUÁN —-

La crónica de este viaje, comienza en Tarifa, pero el disfrute del viaje empezó mucho antes: aproximadamente en enero de 2014, cuando nos propusimos viajar durante unos 9 días en nuestras Suzuki Van Van para descubrir a nuestro país vecino.

Los preparativos consistieron en repartirnos entre todos los miembros del viaje (9 moteros) los útiles que pudiéramos necesitar en nuestro periplo; desde aparejos mecánicos (herramientas, parches y cámaras de ruedas, tortillería, bidones de gasolina, etc.), pasando por la planificación de posibles rutas, hasta la preparación de un botiquín de urgencia. Aunque apañamos todas las cosas para “no utilizarlas”, ha venido bien tenerlas a punto, ya que, al final por una cosa u otra, hemos ido necesitando muchos de los cachivaches que llevamos en la maleta. Por decirlo de otra manera, si prevés que es posible que haya que llevar una bombilla de recambio, el hecho de que el primer día se funda una, no supone un gran problema; ídem para tensado de cadenas, inflado/desinflado de ruedas, apriete de tortillería o una posible eventualidad gastrointestinal, como iremos viendo a lo largo de estas crónicas.

Mapa ruta (Día 1)

Los minutos previos y posteriores a embarcarnos en el Ferry en Tarifa, son los que menos cariño les voy a tener de todo el viaje. Un auténtico incordio: tomad papel verde, coged papel amarillo, llevad papel verde, traed papel blanco, rellenad papel amarillo, sellad pasaporte… ¡y la parte contratante de la segunda parte! Todo con prisas, arranca moto, pasa por arco, para la moto, te pongo un sello, poneros en fila, pero un poco en orden, fila de a dos, no de a tres, a ver usted, por detrás, pónganse antes que los coches… Total, luego parados porque el Ferry venía con más de media hora de retraso… Si llegas en moto de los últimos, casi mejor, vas a ir más tranquilo y te van a poner en primera fila para entrar por la disposición que tienen los amarres en el barco… . Conclusión: si vas en Marruecos, ármate de paciencia, hasta que seas engullido por el Ferry de marras.

Tras realizar el embarque, nos vamos despidiendo de España con la estela que deja el pedazo motor que tiene el aparato; podemos observar el Yebel Musa (la “columna de Hércules” que se sitúa en África).

Vista del Yebel Musa (Marruecos) desde el Ferry

Al fondo, Tarifa

En unos 30 minutos, llegamos al puerto de Tánger, donde procedemos de nuevo el “baile de salón” respecto al paso de la frontera (simplemente para entregar papeles, porque ya nos había sellado el pasaporte dentro del Ferry). Esta vez con la aparición de diferentes paisanos buscavidas, como ocurre en todos los puertos fronterizos. Finalmente accedimos a que, tras una pequeño reintegro monetario, unos lugareños nos rellenaran los papeles necesarios para traspasar al otro lado. Aún con todo, la gendarmería fue extremadamente diligente, tenaz y perseverante con los trámites aduaneros sobre todo de los moteros, porque (casualidad de la vida), pasamos la frontera, tras haber pasado todos los vehículos de más de dos ruedas y justo cuando se iba a cerrar el puesto aduanero, ya con el sol poniéndose en lontananza.

Una vez en tierra marroquí, comienza la gente a ofrecernos cambio de moneda, hoteles, comprar algún articulo de lujo (relojes de grandes marcas conocidas a 10 euros), etc… Declinamos las amables ofrecimientos, y nos dirigimos a salir de la ciudad; nuestro destino: rodar hacia la N2, dirección Tetuán.

Sin embargo, como buenos exploradores y una vez ya en un país extranjero, nada más llegar a Tánger decidimos romper las normas básicas que se recomiendan no realizar al llegar a Marruecos en moto. Por un “error” en el GPS, nos saltamos la primera de ellas: la de no entrar a la medina de las ciudades (entiéndase como parte antigua o casco viejo) con la moto, ya que es un lugar de calles estrechas abarrotadas de gente, puestos de vendedores y algún coche despistado. Cuando digo gente, me refiero a un decorado de pobladores de la ciudad comprando, vendiendo, peleando, rezando, paseando, observando, viendo la vida pasar,… Cuando llegamos a la plaza de la Medina de Tánger… Recuerdo la situación: nueve moteros despistados por calles estrechas y empinadas, atronando con Devils, MIVVs sin dB killer, sin saber a donde les conduce la próxima calleja, llegan a una plaza que a mi me recuerda a la del Ayuntamiento de Pamplona el día del chupinazo. Yo decidí bajarme de la moto a ver un mapa de la ciudad, pero la insistencia de una mujer árabe que me agarraba del brazo, diciéndome que me conocía de hace muchos años, me hizo sopesar la situación, e indicar al resto de mis compañeros que nos alejáramos de dicho lugar e intentáramos llegar de nuevo al paseo marítimo. Hubo una duda sobre si seguir las indicaciones de una señal (que era la buena), pero algo en el dialecto arábico de la misma nos creó la duda, y volvimos a pasar, esta vez de bajada, y por una calle menos transitada, por el centro de la Medina. Gracias a las amables indicaciones de varios lugareños conseguimos llegar a la autovía dirección Tetuán.

Camión típico en ruta por Marruecos

La segunda de las normas básicas es tratar de no conducir por la noche. Y esto no es porque vaya a salir la mujer de la curva, si no porque la gente en Marruecos vive por la noche y como iremos relatando, las carreteras son calles. Ya circules por los alrededores de una gran ciudad, te encuentres en el Alto Atlas o en un paraje desértico, siempre hay gente y vida alrededor de las carreteras. Relataré lo que pude ver en nuestro recorrido por la autovía N2 desde Tánger a Tetuán: rotondas en la propia autovía cada varios kilómetros, controles policiales (unos tres o cuatro en apenas 50 km), gente paseando en los arcenes, personas andando por la mediana minúscula de la autovía, bicicletas sin ningún tipo de luz en sentido contrario, autobuses que nos adelantan lijando nuestras motos dejando un reguero de humo y aceite, niños cuidando rebaños de ovejas (cabe decir que no hay vallas para impedir que los animales entren en la calzada), motocarros (Dockers) con escasa iluminación y a velocidades bajas,… Fue un master en conducción según el “maroc style”, lo cual nos vino muy bien para los días posteriores. Como resumen diremos que no conducen mal, solo diferente.

Maroc Style Driving

La llegada a Tetuán fue un alivio para todos. Si no queríamos tráfico, la ciudad se encontraba engalanada por la visita del Rey Mohammed VI a la capital de la Provincia, así que, si la circulación en las grandes ciudades del país es un “caos organizado”, con toda la parafernalia que mueven estos eventos se convirtió en un maremágnum de coches, dockers, camiones y rotondas donde gana el más osado… Gracias a las indicaciones de una amable lugareña, conseguimos llegar al Dream´s Hotel.

Tras una buena cena a base de tajín y una charla comentado todo lo vivido ese día, nos fuimos a las habitaciones del hotel más europeizado de nuestra ruta, salvo por la diferencia de que se podía fumar dentro del hotel (todavía no han llegado las leyes antitabaco al reino alauí, pero todo llegará…).

Algunos de los paisajes que visitaremos en los próximos días:

 

Moyen Atlas

El Jorf

Gorgues du Dadés

Asilah

 

—- DIA 2. DESDEL EL RIF HASTA MEKNES —-

Por el Rif

Una vez levantados, instalamos todos nuestros pertrechos en las motos, con un cambio de luz trasera en una de ellas, ya que los compañeros me dijeron que ayer apenas se veía en la noche marroquí. La ruta de Tetuán a Chauen (carretera N-13) se interna por las montañas de la cordillera del Rif, lo que hace que comience una larga sucesión de curvas, que son agradecidas por las motos y sus pilotos.

Mapa Ruta (Día 2)

Seguimos con el curso de conducción; he de decir que nunca he realizado una ruta con tantos adelantamientos a coches, camiones, motocarros… La conducción en Marruecos se podría describir como “un caos organizado teniendo en cuenta diferentes normas de consideración no escritas hacia los otros conductores”. Lo cierto es que, salvo muy pocas excepciones, hemos visto pasar coches a una velocidad exorbitada; tampoco hemos visto (ni veremos en todos los días de viaje) accidente alguno, a pesar de los casi 2.000 km que haremos en ruta. Con nuestras motos, que no alcanzan velocidades mayores de los 100-110 km/h, hemos podido adelantar a casi todo tipo de vehículos, muchas veces con la colaboración de los conductores de los coches, camiones, dockers o furgonetas que están siendo adelantados. Así mismo, las ráfagas con las luces largas como amable saludo, están ampliamente extendidas en el gremio de los caminoneros hacia los motoristas.

Uno de los vehículos más habituales en las carreteras de Marruecos son los Grand Taxis. Estos medios de transporte tan típicos, podrían definirse como una suerte de autobuses en miniatura que enlazan diferentes localidades entre sí. La característica más importante es que paran en cualquier punto de la carretera (tenga o no arcén) a recoger pasajeros, por lo que, ya puedes estar atento a tus frenos si vas detrás de unos de ellos. Normalmente son vetustos y trillados Mercedes de los años 60´s, 70´s, y 80´s, que tienen licencia para montar hasta 7 pasajeros. En las gasolineras hemos ido observando como los afanados taxistas relleban, una y otra vez de aceite sus automóviles. Una chapita en la parte trasera del coche indica que su velocidad máxima (entre los 90 y 100 km/h), aunque visto las adelantadas y pasadas que experimentamos creo que es solo una advertencia de la velocidad media de crucero que consiguen…

Grand Taxi

Grand Taxi

Disfrutando de la ruta llegamos a Chauen, Chefchauen, Xauen o en rifeño: Accawen, que significa “Los cuernos”, en referencia a las montañas que se divisan desde la ciudad. Dejamos las motos y todo su equipaje en un aparcamiento con “guardien”, una opción totalmente recomendable para motoristas; dejamos chupas, cascos, incluso a mi se me olvidaron los guantes encima de la moto (¡¡oh,oh!!) y amablemente nos los guardaron hasta que volvimos de nuevo. Muy agradecido, porque de haberlos perdido me hubiera quedado con los guantes de invierno, que no los utilicé mas que para bajar de Sevilla a Tarifa. Nada más bajarme de la moto, me ofrecieron hachís, lo cual rechacé amablemente.

Chauen (Accawen: Los cuernos)

Chauen (36.000 hab.) podría definirse como una amalgama de calles azules y blancas que, cual laberinto, tratan de que te pierdas en su interior. Las calles está encaladas, incluso en el suelo, con un color celeste vivo y uno se siente raro al andar pisando un suelo tan colorido. Hace no muchos años era una ciudad sagrada para la religión musulmana, y no se permitía la entrada a los cristianos, incluso eran ejecutados si así lo hacían. La ciudad tiene gran influencia española: fundada por los moriscos expulsados de Al-Ándalus en el siglo XVI, hasta el siglo XX vivía una comunidad judeo-española que hablaba sefardí y fue la última ciudad en retirar la bandera española cuando se produjo la independencia de Marruecos tras el protectorado español. Muchos de los lugareños hablan todavía el castellano con sorprendente soltura: una vez salimos de la medina, otro amable lugareño me ofrecía costo…

Calle típica de Chauen

Gorros rifeños en medina de Chauen

Decidimos quedarnos a comer en Chauen: unos buenos pollos asados, con diferentes especias, como siempre en la cocina magrebí. Tras las viandas, pudimos degustar a mi parecer, del mejor té de todos los que bebimos durante el viaje: estaba condimentado con flores de azahar, lo cual le daba un gusto muy especial.

Continuamos ruta por el carreteras “paraíso de la Van Van”, ya que somos de los vehículos más versátiles y dinámicos: adelantar a diferentes vehículos es una misión factible y totalmente accesible para nuestras motillos. La verdad es que nos divertimos conduciendo por el camino que nos llevaban al cauce del Río Lukus, río con el que nos encontraremos de nuevo al final de nuestra ruta… Trascurre por la llanura del Garb, y su ancho cauce ahora casi seco, nos lleva a pensar riadas y torronteras mayores en otras épocas del año. Las carreteras siguen estando llenas de vida: niños, mujeres con vestidos multicolores, hombres con chilabas, rebaños de cabras, ovejas, vacas, borricos, etc. Pases donde pases o pares donde pares, siempre habrá gente alrededor de la carretera. Lo que se echa en falta son señalizaciones de ruta; es muy posible que durante kilómetros y kilómetros no encuentres un triste mojón que te indique en carretera te encuentras y los carteles indicativos de los cruces son muy simples: una única señal justo antes de la bifurcación con información (casi siempre en árabe y francés) de la ciudad más importante a la que se dirige la carretera, pero en muchas ocasiones de la población más cercana al cruce, sea ésta pequeña o grande, salga o no en los mapas. Así que, es fácil pasarte dicho anuncio y que puedas equivocarte qué dirección debe seguir tu ruta.

Señal Internacional

Kilómetro a kilómetro pasamos de los escarpados montes del Rif a los valles de la zona de Meknés (Mequínez). Se trata de una zona eminentemente agrícola, ya explotada desde la antigüedad con vestigios de la época romana (Volubilis). No se si estarían locos estos romanos (como decía nuestro amigo Obélix), pero está claro que sabían elegir bien un emplazamiento para desarrollar todos sus negocios. Verdes zonas de cultivo, olivares y frutales se van extendiendo por el camino que nos lleva a la capital de la nueva provincia marroquí por la que nos adentramos y viajaremos en los próximos días. Nos sorprende la ciudad de Ouezzane (60.000 hab.), que se encuentra arracimada en una colina. En sus alrededores, gentío por todas partes: niños en bicicleta haciendo trompos en las rotondas, familias haciendo picnic con toda la parafernalia para preparar el te y parejas paseando nos van saludando.

Ouezzane

Meknes

La entrada a Meknés (850.000 habitantes), fue más organizada que la salida de Tánger. Una vez establecidos en el hotel, y tras pactar con el guardien la tarifa por el cuidado de las motos esa noche, nos decidimos a acercarnos a la Medina a buscar un lugar donde cenar. Pluto “el sherpa”, como ya se conocía el percal, decidió preguntar a una lugareña, que nos acercó por las diferentes callejuelas estrechas de la Medina, hasta el Riad Idrissi. Allí pudimos disfrutar de la amabilidad de Mohamed, el propietario. Como quien no quiere la cosa y mientras nos preparaban la cena, Mohamed nos enseñó su Riad (casa de huéspedes) y nos realizó una presentación de los productos (alfombras y alhajas) que tenía en su casa. Una vez cumplido el rito del regateo, alguno aprovechó para comprar algún regalo y así compensar con la familia los días fuera de casa que estábamos viviendo. Después pudimos saborear un cus-cus de cordero, con el sabroso pan marroquí, que es una especie de torta, con la masa esponjosa y la corteza rebozada, en algunos casos aderezada con alguna que otra especia; toda una delicia que pudimos degustar durante toda nuestra estancia en Marruecos.

Una vez que salimos de la Medina sin ninguna dificultad, y viendo las comodidades y atenciones del Riad Idrissi (el cual había valorado por internet), y que además Mohamed nos dijo que no habría problema para meter las motos a resguardo, se me ocurre que podríamos haber dormido allí, en vez de en el desapasionado, comparativamente caro y “europeo” Hotel Ibis.

Medina de Meknes

 

—- DÍA 3. ATRAVESANDO EL MOYEN ATLAS, HASTA LA PUERTA DEL DESIERTO —

Hacia el Desierto

Continuamos viaje camino hacia el Moyen Atlas (Atlas Medio) siguiendo la ruta de la carretera N-13 hacia el sur de Marruecos. Desde Meknés, la carretera convertida en autovía, atraviesa campos de cultivo plagados de olivares, con el aire impregnado con olor a almazara. También están presentes los viñedos; ya habíamos oído hablar de que se producía vino en Marruecos, aunque es difícil encontrarlo en restaurantes y bares fuera de las rutas más turísticas, además en muchos casos los preceptos religiosos hacen que en muchos sitios el dueño decida no vender nada de alcohol.

Mapa Ruta (Día 3)

Poco a poco vamos ascendiendo hacia el Moyen Atlas, y una vez pasado Azrou, nos encaminamos a la zona de bosques de cedros. Por esta carretera la extensión de cedros tan solo es una franja de arbolado de unos pocos kilómetros, por lo que disfrutamos poco tiempo de su espectacularidad, así que se nos queda en el tintero hacer una visita a Ifrane y al Cedre Gouraud. Como siempre con prisas: “la prisa mata”, como dicen nuestros vecinos. No se si mata, pero te impide disfrutar más de la ruta y poder hacer más paradas para contemplar el paisaje y mezclarte con el paisanaje. Aún con todo, en la zona de los cedros pudimos ver algún macaco de berbería… y sin necesidad de estar en campaña electoral. Comenzamos a encontrarnos con algunos moteros, muchos de ellos españoles. En este caso, un grupo de Goldwings y grandes motos, que se quedaron sorprendidos de nuestras pequeñas (pero no por eso menos valientes) monturas.

Unos kilómetros más adelante, en el recorrido de la carretera N-13, te encuentras con el denominado Paisaje de Ito, un mirador donde se puede observar una despejada y estupenda vista del Atlas Medio. Ya se empiezan a ver vendedores de fósiles, camellos en miniatura labrados en piedra o adornos pulidos en roca con tonos y coloridos tan espectaculares que puedes dudar de que sean naturales.

Vistas desde el Paisaje de Ito

Una vez vamos descendiendo desde el Atlas Medio, el paisaje comienza a ser semiárido, con grandes explanadas donde aún se aprecia algo de vegetación. Decidimos pararnos a comer en la localidad de Zaida, donde Ibrahim (un nuevo amigo en esta ciudad), nos enseñó su colección de fósiles y tras el arte del regateo y compra, nos aconsejó que comiéramos allí mismo. Tajine como no podría ser de otra manera. Este recipiente de barro donde primero se sofríen y luego se cocinan a fuego lento los alimentos, está presente en casi todas los fogones donde paramos. Más tarde a lo largo de los días iríamos descubriendo otras delicias gastronómicas de la cocina de Marruecos.

Zaida

Tizi N´Talghaumt

Según vas bajando hacia el sur, la mole del Grand Atlas desvía tu camino algo hacia el este; es el precio que te hace pagar para poder traspasar la cordillera. Todavía nos quedaba coronar el Tizi N´Talghaumt (1.905 metros), que fue una pequeña ilusión de vegetación antes de la llegada definitiva a la zona desértica. Tras pasar el algo decepcionante “Túnel del Legionario”, entramos en las Gorgues du Ziz, con sus palmerales a pie de oued (río). El “valle de los Faraones”, como lo definió algún vanvanero. No será tan fastuoso como los valles egipcios, o como sus homologas marroquís Gorgues de Dadés y Todra, pero tiene la belleza especial suficiente para darte la bienvenida a la zona sur de Marruecos.

Gorgues du Ziz

Pasando por el Desfiladero del Oued Ziz, sufrimos un percance médico: un compañero fue picado por una abeja. Al principio parecía una picadura sin más complicación, pero a lo largo de las horas descubrimos la maldad de la “Víspula de las Gorgues du Ziz”. La pierna se le fue poniendo de un intenso rojo carmesí acompañado de ampollas y costras melicéricas, por lo que a la noche hubo que echar mano del botiquín que habíamos preparado, para que tomara unos antibióticos junto con antiinflamatorios durante unos días.

Er- Rachidia

A la llegada a Er-Rachidia (Ar-Rashidia) y como casi siempre en cada parada, algún lugareño se acerca al grupo y en más o menos mejor o peor español, comienza una conversación: primero “de dónde venís – hacia dónde vais”, seguidamente te comenta que estuvo trabajando en España (“pero la crisis del ladrillo…”), y luego se ofrece amablemente a aconsejarte un lugar para comer o para alojarte ese día. La verdad es que muchos de los días no teníamos hotel reservado y en las ocasiones que hemos confiado en la ayuda de los lugareños, nos habrán enredado o no, pero siempre hemos conseguido un buen restaurante o alojamiento. En este caso, Abdul un lugareño que, según nos dijo había trabajado en Valencia, y que ahora se encontraba en Holanda, nos guió por Er-Rachidia, para instalarnos en Kasbah Aferdou.

Se trata de un hotel con piscina y restaurante; algo así como lo que conocemos por aquí como un hotel todo incluido, adaptado a los gustos europeos, pero con un toque berebere. Allí pudimos disfrutar de un buen baño, con alguna que otra Special. Para la cena elegimos unas brochetas de carne a la brasa (los típicos pinchos morunos) y probamos el vino marroquí. De fruta, como en otras ocasiones a lo largo del viaje nos sirvieron uno de los postres más típicos del país: naranjas cortadas en rodajas y espolvoreadas con canela.

El cansancio se va acumulando y nos vamos pronto a las habitaciones a descansar. Los tapones para los oídos van cumpliendo su misión, pero en ocasiones resultan insuficientes. De todas maneras, hoy tenemos un motivo de importancia para desvelarnos: ¡mañana nos espera el desierto!

Soñando con el Sáhara

 

Video resumen de los tres últimos días:

—- DIA 4. DISFRUTANDO DE ERG CHEBBI —-

Suzuki Van Van en Erg Chebbi (Marruecos)

Mapa Ruta (Día 4)

Sin haber propuesto una hora de salida, todos los moteros nos encontrábamos preparando los equipajes a las 08:00 a.m en punto. La ruta de hoy promete, ya que nos acercaremos al Erg Chebbi. Se trata de una gran superficie arenosa en la entrada del desierto del Sáhara, colindante con la frontera de Argelia. Los ergs son, en la imaginación del viajero, el desierto propiamente dicho: la interminable extensión de dunas que se asemejan a un mar de olas inmóviles, donde transitan las caravanas de camellos entre oasis perdidos.

La ensoñación del desierto

Sin embargo, la gran mayoría del desierto está compuesto por llanuras pedregosas, conocidas como hammada. Atravesando estas planicies nos vamos acercando a Merzouga, donde nos sorprende la aparición de densos palmerales incrustados entre pétreos valles. La vegetación en estos lugares es tan compacta que los poblados desaparecen entre las palmeras. Las carreteras siguen llenas de vida, pero van cambiando sus gentes: aparecen los primeros “hombres azules” y las mujeres ya no visten chilabas coloridas, sino que se cubren con tejidos de color negro. Los borricos pensativos tampoco faltan en las cunetas. Vendedores de todo tipo: fósiles, alhajas de colores imposibles, pequeños muñecos de dromedarios, pañuelos para el turbante berebere, el velo azul de los Tuareg,… No dudan en poner reclamos al borde de la carretera para que pares a regatear con ellos. Este risueño chaval nos enseñó a ponernos el velo al estilo Tuareg. Él ya no se acordará de nosotros, pero nosotros nos acordaremos de él, siempre que nos pongamos el pañuelo…

Van Tuareg

Pilotando por la hammada

Y niños, siempre niños; sea donde sea, aparecen niños…Fueron unos chavales en Erfoud, donde nos guiaron para coger la carretera R-702, que va directamente a Hassilabed, sin pasar por Rissani ni Merzouga. Comienza siendo una carretera asfaltada, que acaba convirtiéndose en una pista que discurre más o menos paralela a la N-13. Lo cierto es que no conocíamos su estado, pero las informaciones que habíamos recogido por internet nos decían que se trataba de una pista relativamente fácil. Nos adentramos en ella a lo bestia, sin haber valorado la presión de los neumáticos, sin ajustar correctamente los equipajes, sin pensar que hacer si hubiera algún contratiempo… vamos, que había ganas de llegar a Alí el Cojo. En una parada en medio de la nada, ajustamos la presión de los neumáticos. Disminuir la presión de las ruedas para circular off-road, y más en nuestras motos con ese pedazo balón que tenemos por rueda trasera, se nota y mucho. Con unos 1,00 – 0,75 bares la conducción es más segura y agradable…

Revisando las motos en mitad de la hammada

La pista de unos 30 km te va acercando paulatinamente al Erg Chebbi y es alucinante ver apareciendo ante ti, como si fuera un espejismo a través de la hammada, el mastodóntico grupo de dunas con su color anaranjado-rojizo, destacando sobre el amarillento de la planicie que las rodea. Que una motillo como las nuestras, te permita ver algo como esto, hace que no la quieras cambiar por otro medio de locomoción…

Espejismo del erg apareciendo ante nosotros

Por fin llegamos al Albergue Atlas du Sable de Alí el Cojo. Al menos para mí, fue como una “misión cumplida”, llevábamos muchas semanas dándole vueltas a la cabeza, sobre si podríamos o no llegar hasta ese rincón de Marruecos con nuestras motos, y mira tú por donde, allí nos habían llevado las Van Van. Cabe decir, y no es invención ni arrogancia, que fuimos interrogados en múltiples ocasiones y con gran sorpresa por parte los que preguntaban, de cómo habíamos sido capaces de llegar con aquellas motillos hasta Merzouga. La verdad es que, a mí no me ha cambiado el concepto que tengo de esta moto, pero si me ha reforzado la idea que con ella se puede hacer cualquier cosa que te propongas; lo único que tienes que tener es tiempo para disfrutar del camino que elijas.

Llegados a Alí el Cojo, precisamos reposar del camino: al fin y al cabo, estamos en una región desértica y las temperaturas sondarían los 35-40º. Con unas buenas brochetas de carne y el té moruno a la sombra del Albergue, las cosas se ven de otra manera. Algunos decidieron llegar hasta el lugar donde acaba la carretera N-13, muy cerca de la frontera con Argelia, y otros nos dedicamos a pasear las motos por las dunas y sacar alguna que otra foto. Como no podía ser de otra manera, y tras cualquier recoveco arenoso, aparecía un chaval a ofrecerte algún fósil, camellos en miniatura, colgantes con la cruz berebere, alguna rosa del desierto, etc.

La gran ghourd

Al atardecer y en dos vehículos 4×4, Alí y Youseff nos condujeron hasta las haimas. Yousseff es un berebere que está acostumbrado a manejar los nuevos vehículos de transporte que se utilizan en el desierto, sustituyendo a los camellos. Si alguna vez podéis disfrutar de un paseo por allí en 4×4 y aunque os parezca que la pendiente en curva de la duna se torna imposible para un vehículo de cuatro ruedas, nunca grites al conductor “¡¡¡para, para, para!!!”, ya que éste no te hará caso y al cabo de unos minutos te responderá: “¡paraaa, paraaa, paraaa!, ¡si paro no paso, me quedo atrapado…!”.

En 4×4 por el océano arenoso

Ali el Cojo dominando los elementos

En pleno océano arenoso, pudimos disfrutar de cómo los colores rojizos jugaban con las dunas antes de la puesta del sol. Cada vez te pones a hacer fotos hacia el Erg te acompaña una sensación de irrealidad. La sensación de que las cosas más importantes pueden parecer vacías, sin sentido. De todas maneras ninguna instantánea fotográfica puede hacer sentir la fuerza de un panorama como ése.

Irrealidad

Olas inmóviles

Atardecer en el Sahara

Las haimas son tiendas de campaña, al estilo berebere. Unas sencillas mantas hacen las veces de paredes para dormir en colchones a ras de suelo. Nos ofrecieron una cena con la harira, la típica sopa marroquí compuesta de tomate, apio, perejil, cebolla, algún garbanzo o lenteja y huevo escalfado. Se le suele añadir también fideos o arroz, y algo de harina para espesarla; todo ello condimentado con pimienta y una gran cantidad de especias. Completamos la cena con tajine de cordero. Aprovechamos la ocasión para disfrutar de la salida de la luna llena a través de las dunas, fumarnos un habano mientras nos introducíamos de lleno en la noche con canciones típicas bereberes y, finalmente, acomodarnos a descansar en nuestros vivacs.

Berebere

 

 —- DIA 5. DESDE HASSILABED HASTA GORGUES DU DADÉS —-

Amanece en Ergb Chebbi

El desierto despierta. Un cielo cada vez más enérgico, tornándose azul. La inmensa pared triangular de la gran ghourd, cambiando sus tonos hacia el grana. Un poco más abajo, las manchas oscuras del oasis. Mientras tanto, se van aclarando las sombras de los sifs de las dunas, como si fueran arrugas de algo muy viejo que vuelve a rejuvenecer. Destaca con la luz el azul de los hombres preparando a los camellos, que no sé si van tomando la tonalidad de la arena o la arena va tiñéndose del color de esos apacibles y curvilíneos animales. Parece mentira que un sitio que pensamos desolado, árido y monótono, nos regale tal conjunto cromático.

Desafío cromático

Amanece en Erg Chebbi

Como el hombre no puede vivir solo de poesía, tener la posibilidad de disfrutar del desayuno con un jamón ibérico en casa de Alí el cojo, nos alegra tanto como las experiencias vividas en pleno erg. Debemos continuar viaje, y hay que llenar los depósitos de gasolina. A lo largo de nuestro viaje, y a pesar de nuestra poca autonomía, no hemos tenido (ni tendremos) problemas a la hora de conseguir gasolina. Tan solo en esta gasolinera de Merzouga (la más alejada de nuestra ruta), había bastante gente esperando a cargar los depósitos, sobre todo a última hora de la tarde del día anterior; alguno se quedó sin repostar, ya que a las 16:30 horas se habían agotado todas las existencias. Por lo demás, hemos ido encontrando gasolineras (Afriquia, Ziz, Petrom, Olibiya, Shell…), y ninguna moto ha notado la diferencia en el octanaje. En este sentido, en lo que respecta a la gasolina, si fuimos prudentes a la hora de atravesar el Atlas, como ya comentaremos. En las gasolineras encontramos también vendedores de recuerdos: pulseras, pañuelos, colgantes, orfebrería o dagas ornamentales. Algún vanvanero cargó en el equipaje una gumía berebere…

Mapa Ruta (Día 5)

Una mañana de charla en el desierto

Estábamos en duda sobre si acceder a la zona de Tinghir por la carretera N-12 y posteriormente la R-113, pero al final por indicación de Youseff, conocedor de las vías que unen Marrakech con Merzouga, decidimos ir por la N-13 hasta Rissani, recorrer la R-702 hasta Tinejdad, y posteriormente la N-10 hasta Tinghir (Tinerir). Son carreteras bien asfaltadas, por donde vas alejándote de la zona desértica a través de la hammada. Se pueden observar palmerales en algunos tramos de la misma (sobre todo en Rissani), pero la llanura de piedras en algunas ocasiones se extiende sin obstáculos hasta más allá de la visión, haciéndote sentir con una sensación algo extraña, como pilotar a ras del cielo.

Cafetín (El Jorf). (40º a la sombra)

Una vez que vamos dejando atrás Rissani, El Jorf, Tinejdad, van apareciendo aquí y allá las montañas, con lo que la sensación de avance es mayor. En una de estas largas rectas, y al adelantarnos un Toyota 4×4, de la ventanilla de atrás surge un paisano colgado hasta la cintura. Con todo el ruido de las motos, conseguimos oír un “¡¡¡para, para, para, para!!!”… Se trata de Youseff, que va a recoger unos turistas a Marrakech. Por supuesto, paramos en medio de la carretera, y nos indicó que nos acompañaba a comer en Tinghir. Allí nos contó que se dedica a realizar rutas turísticas convencionales y también acompañando a grupos de moteros por carretera y off-road como coche de apoyo. Para la próxima incursión en Marruecos, y una vez habiendo visitado los paisajes más turísticos en este viaje, es probable que valoremos contar con él como apoyo y guía para nuestro viaje. En el restaurante, donde Youseff nos coló a varias decenas de turistas del norte Europeo, probamos el tajin de Kebah (carne picada con especias), toda una delicia. Y, ¿quién dijo que en Marruecos el café es malo? Antes de terminar de comer, ya nos había conseguido habitaciones en las Gorgues du Dadés.

Entre Todra y Dades

Nos fuimos acercando a las Gorgues de Dadés. Una vez repostadas las motos en un Afriquia de Boumalne Dadés, me aventuré a preguntar en inglés a unos chavales de unos 20 ó 25 años sobre la dirección a tomar, los kilómetros que nos quedaban y donde quedaba aproximadamente el hotel. Me sorprendió gratamente y agradecí que pudiéramos llevar una conversación fluida en la lengua de Shakespeare. No sé si en una cafetería perdida de nuestro querido país, las diferentes leyes de educación hubieran podido hacer a nuestros jovenzuelos expresarse tan bien en inglés con un forastero cualquiera. Así mismo, agradecí los buenos deseos para el viaje que nos dedicaron aquellos chavales. En mi experiencia, se trata de una actitud habitual de los marroquíes: amabilidad y parabienes para los viajeros y visitantes.

Hawaii

En la cafetería de la gasolinera decidimos probar un Hawaii, bebida refrescante típica de Marruecos. Las sensaciones al tomarlo, me retrotrajeron a la infancia, aunque con percepciones algo más multifrúticas: el Tang era de un sabor único más o menos definido… Haciendo memoria, de las cuatro personas que tomamos dicho brebaje, tres de ellas caímos posteriormente con el virus del viajero… No se si hay correlación causal o es un error aleatorio…

Vanvaneros junto a los “Dedos de Mono” (Dades)

Las gargantas de Dadés han de recorrerse cuando el sol está bajo: al atardecer o al amanecer. El posible inconveniente que fue llegar con la caída del sol al hotel, se convirtió en ventaja al poder observar la cantidad de contrastes de colores en los contornos de las rocas rosáceas de los desfiladeros. Aparte de irte encontrando Kasbahs por todo el camino, las “Manos de mono” y el “Cerebro del Atlas” son dos monumentos naturales que no habría que dejar escapar si pasas por la carretera N-10 (se encuentran a unos 30 km desde la población del cruce desde Boumalne Dadés). Así mismo, nos acercamos a las famosas curvas de la garganta de Dadés, un lugar motero por excelencia, para inmortalizar el momento.

Gorgues du Dades

Inmortalizando el momento

El hotel (Hotel Kasbah de la Vallé) se encuentra justo al lado de las famosas curvas de la carretera. Youseff nos reservó un apartamento de dos habitaciones con tres camas cada una y una habitación con tres camas. Junto con la cena y desayuno nos salió a 200 dirhams por persona (unos 20 euros). No está mal, ¿no?

Llegamos anocheciendo al Hotel

 

—- DIA 6. GORGUES (DADES – TODRA) Y GRAND ATLAS—-

Suzuki Van Van por el Grand Atlas (Marruecos)

Temprano por la mañana también es buena hora para admirar las formaciones rocosas de la Gorgue du Dadés. Los “Dedos de Mono” (o “Manos de Mono”) son unos estratos casi verticales de areniscas rojizas cuya erosión ha producido unas formaciones caprichosamente falangiformes. En la zona sur del valle se encuentra el “Cerebro del Atlas”, una formación calcárea que se asemeja al órgano anatómico menos usado por nuestra clase dirigente. Como decíamos antes, la luz oblicua del amanecer les sienta muy bien a estos dos monumentos naturales.

Las RV´s en el Cerebro del Atlas (Gorgue du Dadés)

Una vez desandado el camino hasta Todra por la carretera N-10, cargamos las motos de gasolina. Así mismo, llenamos los botes de gasolina extra que llevábamos (entre 3 y 5 litros por casco), ya que desde esta población hasta Khenifra (280 km) apenas hay dos gasolineras (Imilchil y Agbhala) y la autonomía de nuestras motos ronda los 175 km por depósito. Finalmente no hubo problemas en Imilchil, pero no queríamos arriesgarnos a que, al llegar a la gasolinera, nos dijeran que hasta mañana no se reanudaba la venta.

Mapa Ruta (Día 6)

La garganta de Todra se asemeja a la fortaleza de un cíclope. Las paredes estriadas del desfiladero anaranjado te rodean por todas partes hasta más allá de la visión de unos mortales como nosotros. Los humanos desentonamos en tal panorama, sobre todo por la comparación en el tamaño: no están hechos estos desfiladeros en proporción al hombre…

En un lugar tan poético, también desentonan los turistas tipo pantalón corto, chanclas, camiseta de New York y gorrilla de pescador, pero… Bueno, nosotros también desentonamos… Al fin y al cabo es uno de los lugares más turísticos de Marruecos…

Gorgue du Todra

Saliendo desde esta garganta y siguiendo el valle hacia el norte, nos adentramos en el Grand Atlas. Hasta hace poco esta carretera era el único paso habilitado por esta cordillera, y se trataba de una pista de tierra. Últimamente se ha asfaltado, y parece que ya na no tiene la añeja emoción de las exploraciones a un lugar lejano y remoto, pero se trata de una de las carreteras más bonitas por las que he viajado con la RV. Nos encontramos en una zona de influencia berebere: los pobladores de estas aldeas (Imichil, Agoudal…) son descendiente de la tribu de los de los Ait Hadidou. Como todo lugar distante y recóndito, tiene sus propias leyendas; la más conocida la de los Lagos de Tislit y su gemelo Iselit. Se trata de una novelesca historia de amor entre jóvenes de tribus berebere en conflicto, cuyas familias no querían que se consumara su amor. Como os podéis imaginar, la cosa acaba en tragedia, con suicidios y demás.

Tizi -n-Tirherhouzine (2.805 m)

Impresiona comprobar como, teniendo que ascender la prolongada pendiente del Tizi -n-Tirherhouzine (2.805 m), las RV ni se inmuten. Sigo sorprendiéndome -aunque cada vez menos-, de la capacidad de sacrificio que tiene esta motillo. A partir de esta cota, accedemos a otro paisaje espectacular de características lunares, o más bien marcianas. Siempre piensas que el Alto Atlas va a ser una zona frondosa, con bosques y floresta… pero te encuentras con este panorama a semejanza de la estepa desértica de Kazajistán, pensando que va a aparecer Ulan Bator a la vuelta de una curva. La ruta es impresionante: se trata de un paisaje de alta montaña con los estratos de la tierra marcados en arbitrarias y curvas líneas, donde los lugares más resguardados se dedican a la agricultura. Recuas de asnos cargados hasta más alla de lo imposible nos acompañan a nuestro paso. Achacosos camiones y furgonetas, que por nuestras latitudes estarían en un desguace, sirven a la población local como medio de trasporte tanto de mercancías como de viajeros (si no son las dos cosas a la vez). Como siempre, en cada parada en el camino, aparecen grupos de niños. Pero en este tramo del recorrido y sin necesidad de pararse, ya sea en los alrededores de las poblaciones o en medio de la nada, la chavalería sale al paso de las motos con afán de recibir un saludo. Y no se conforman con un saludo normal, sino que intentan chocarte la mano en marcha, con lo que en algunas ocasiones hay que andar con cuidado de no llevarse a algún chavalín por delante…

Saludando a la chavalería (Imilchil)

Motos y moteros por el Grand Atlas

Motos y moteros por el Grand Atlas

Al llegar a Agoudal (1.900 hab), una de las aldeas más grandes de estos lugares, los expedicionarios que iban adelantados reservaron mesa en el Aubergue Ibrahim. Hasta este momento del viaje por Marruecos, y en lo que respecta a las comidas, habíamos aplicado (más o menos) el manual del viajero prudente: tener cuidado con el agua, y no comer cosas sin demasiada cocción (ensaladas, etc…). Unas fantásticas omelettes “al punto”, con huevos de gallinas criadas en las estepas del Atlas, tuvieron la culpa de que nos saltáremos dicha prudencia culinaria. Durante la comida la chavalería se arremolinaba y se encaramaba en las vallas del albergue, alrededor de los astronautas que acababan de aterrizar por allí.

Agoudal

Por otra parte, el dueño del Aubergue, nos explicó el significado de las cruces bereberes que estaban decorando su restaurante: libertad (un buen logo para nuestra aventura…). Ibrahim nos asesoró sobre Khenifra, nuestro próximo destino. Nos recomendó el Hotel El Kamar, informándonos de que se trataba de un hotel “muy bueno, con todas las comodidades, con garaje, etc…”, así que nos decidimos por este establecimiento para dormir esa noche.

Una vez abandonamos Agoudal, todavía nos quedaba una buena jornada motera. Lo cierto es que nos quedamos con las ganas de hacer el Tizi n’Ouano (el “Puerto de la Tortuga”), a través de una pista a más de 2.900 m. Así que, como casi siempre en cada etapa nos quedamos con cosas por ver, para, de esta manera, crear una necesidad de volver a este lugar. Repostamos en la gasolinera de Imilchil, sin ninguna incidencia: no nos harían falta los litros de gasolina extra que llevamos.

Tizi N’Bab N’Ouayad (2.286 m)

Atravesado el Tizi N’Bab N’Ouayad (2.286 m), nos vamos adentrando en la zona norte del Atlas, donde va apareciendo paulatinamente la vegetación, hasta llegar a la zona de Aghbala, una región cada vez más “mediterránea”, con sus campos de frutales y cultivos que no nos abandonarían ya hasta llegar a Tánger. Esta carretera comarcal de segunda categoría se caracteriza por tener una franja asfaltada en medio de la misma, llena de socavones y de unos dos metros de ancho, y unos arcenes de tierra con un desnivel de varios centímetros. Una nueva clase en el máster de pilotaje por tierras marroquíes: la parte asfaltada es del que más aguante en la misma hasta encontrarse con el vehículo que viene de frente. Si te apartas muy pronto el camión seguirá por el asfalto, y tú tendrás que tirarte al arcén (nunca mejor dicho lo de tirarte…) Así que hay que echarle bemoles y no apartarse del camino (5,4,3,2 … … ¡aguanta, aguanta!). Así lograrás conservar la prioridad de paso, a pesar de que de frente aparezca un vetusto monstruo mecánico…

Monstruos mecánicos (y vetustos)

Un gran lugar para hacer una parada durante este recorrido es el Lac Moulay Yaakoub, todo repleto de nenúfares y con miles de ranas croando su existencia a la luz del atardecer. A pesar de la aderenalina consumida, de las buenas experiencias del día y de que es un lugar estupendo, está anocheciendo y hay que apresurarse: no nos apetece volver a conducir en la noche marroquí.

Lac Moulay Yaakoub

Conseguimos llegar a Khenifra (74.000 hab.) ya con la noche cerrada, pero sin ninguna incidencia a destacar, aunque anécdotas hay de todos los colores. La barakka está de nuestra parte. El hotel es digno de un capítulo en una novela de Paul Bowles. Es un hotel autóctono, no turístico. Con su ducha sin agua caliente dentro de la habitación y los aseos comunitarios, tan solo con una separación hombres / mujeres. Las ventanas de nuestra habitación dan a un patio interior cubierto por una tejavana (no me quiero ni imaginar el calor en pleno verano) donde oímos pasar la vida (bebes llorando, padres tomando el té, abuelos paseando…). Previamente y para se resguardaran de la noche, aparcamos las motos en la galeria interior de una tienda de ultramarinos (el “aparcamiento del hotel”). Una vez que hemos visitado el zoco y el mercado de carne de la ciudad, que se encuentran frente al hotel, buscamos un lugar donde cenar. Como si fuera la tonadilla de un encantador de serpientes, el humo de parrillas callejeras nos lleva a un buen lugar para probar una nueva delicia culinaria marroquí. El olor a carne quemada llega hasta nosotros, pero es solo uno de los aromas que componen la intensa y estruendosa atmósfera noctámbula de esta ciudad. El paisanaje lo completan el bullicio del zoco semanal, los puestos de zumos de naranja, el mercado de carne, los vendedores de pescado en plena acera, junto con cientos de personas que andan de aquí para allá.

Cenaremos carne a la brasa recién cortada (repetiremos en otras ocasiones como veremos en próximos días) y posteriormente nos dirigimos a una Pastisserie. Se trata de una típica pastelería donde te venden a granel los tradicionales pastelillos árabes elaborados con almendras y miel. Cuando le pedimos té, el dueño de la pastelería se dirige al camarero del bar de al lado para que nos sirva una taza de la popular infusión. Los dueños de los locales colindantes se ceden las peticiones de los clientes, y todos tan contentos. Parece que no existe la competencia feroz por la clientela que hay en nuestra cultura…

Nos dirigimos a la posada a través de una marabunta de gente que parece que no tiene casa. A pesar de lo desaliñado del hotel, abandonamos cualquier miramiento y nos preparamos para el bien merecido descanso.

Video resumen de los tres últimos días:

 

 —- DIA 7. MARRUECOS INTERIOR (DE KHENIFRA A LARACHE) —-

Entre Ksar El-Kébir y Larache

Ha sido toda una experiencia el alojarnos en este hotel, fuera del recorrido turístico habitual y de las postales. Mientras vemos despertar la ciudad de Khenifra en una terraza junto al hotel, desayunamos al más puro estilo europeo: “café au lait” (léase “café olé”), con unos croissants cremé (léase “cruasán). Hoy nos encaminamos por un Marruecos menos turístico. Nos acercamos a Meknes por la carretera N-8, hasta Azrou, y posteriormente por carreteras regionales (R-705) hasta Sidi Slimane. Más tarde, seguiremos recorriendo comarcales y la N-1, pasando por Souk Elarbaa Du Gharb, Ksar El-Kébir, hasta llegar a Larache (rio Lukus). Todas ellas con buen asfalto y, sobre todo, con arcenes menos comprometidos que en los días anteriores.

Mapa Ruta (Día 7)

 

Khenifra

Preparando los petates en Khenifra

Acompañado por el ronroneo de la RV, y el paso los monótonos kilómetros, venía yo pensando en la diferencia entre nuestro concepto de “bueno, con todas las comodidades” frente al que tienen los marroquíes. Está claro que nos hemos apoltronado en todos nuestros lujos; en este caso no asiáticos, sino europeos.

Vamos haciendo ruta a lo largo de extensos campos de cultivos, se trata de la zona hortofrutícola de Marruecos por excelencia. Al paso nos siguen saliendo lugareños, que no dudan en ofrecerte un saludo al pasar. Aquí las mujeres no son tan esquivas como en el sur de Marruecos; allí, en muchas ocasiones desviaban la mirada e incluso se tapaban la cara a nuestro paso.

Siempre presentes, como en todos los días de nuestra ruta, se encuentran los simpáticos borriquillos. Y en estos lugares, con mayor actividad agrícola, más si cabe. Es todo un descubrimiento poder disfrutar de la presencia de estos plácidos animales, algo que ha desaparecido del paisaje de nuestras zonas rurales. Estos equinos que en su origen vivían de forma salvaje en los desiertos, parece que aún tienen un sitio destacado en el campo magrebí. Viéndolos pastar tranquilos y con sus ojos entrecerrados, parece que piensan que los que por allí transitamos no somos más que ingenuos animales que nos creemos ilustrados.

Borriquillos

Llegando a Sidi Slimane (78.000 hab), nos dan la bienvenida, como señales de humo, las fumaradas de las parrillas callejeras. Estos puestos de comida callejera se componen de varias partes. La principal es la chacinería, con su maestro carnicero al frente, donde elijes de primera mano el producto que deseas comer. Por otra parte, la parrilla propiamente dicha, donde se encuentra el director-perito de la barbacoa. Y la tercera es el salón comedor o terraza, donde se encuentra el jefe de sala o camarero junto con la directora adjunta de la caja registradora. Cada uno ejerce su función, y se diversifican los esfuerzos. Normalmente también hay un ordenanza o mozo de los recados, que te trae las bebidas del supemarché de al lado… Después de toda esta burocracia alimenticia, lo cierto es que la carne recién asada está deliciosa. Normalmente suele ser cordero, pero también probamos chuletón de ternera y una especie de picadillo condimentado con ajo y perejil. Como siempre, acompañado de multitud de especias. En este restaurante nos ofrecieron “ras el hanut”, esa mezcla de hierbas y especias que es propia de cada vendedor o cocinero y que le da un toque tan especial a la gastronomía magrebí. Alguno metió en le petate una muestra de esta delicatessen, para poder disfrutarla a la vuelta el viaje.

Restaurante en Sidi Slimane

Sidi Slimane

Una vez acabadas las comandas, continuamos ruta. A lo largo del recorrido hacia Larache, me llaman la atención los vendedores de todas clases que nos encontramos por la carretera. Pero los más estrambóticos son los vendedores de gasolina al por menor. En cualquier curva, recodo, subida del camino (o incluso encaramados a los árboles), te encuentras a un paisano con una o dos botellas de plástico ofreciéndote el energético líquido.

Moteros en Afriquia

Llegados a Larache (107.000 hab.) y con la ayuda de un español que allí residía, nos dirigimos a buscar un hotel. De todas maneras, estamos ya en el norte de Marruecos, en la zona donde hubo influencia española en la época del protectorado marroquí, y eso se nota. No hay problema en la comunicación con los lugareños si lo hacemos en español, muchos de ellos lo entienden y hablan perfectamente. El hotel (Hotel Choumis) es algo más turístico, pero fue moderno allá por la época de los años 70 del siglo pasado.

Larache

Hotel en Larache

Tras pactar con tres Petit Taxi un precio de 30 dirhams (3 euros), a 10 dirhams cada uno de ellos, nos dirigimos hacia la zona de la medina para cenar en un restaurante típico de la ciudad. Se trata de una cena más occidentalizada: nos ofrecen gambas y un fabuloso pez espada, acompañado de vino blanco marroquí. El salón bulle de gente autóctona hablando, charlando, vociferando… Nos vamos acercando a la península…

Al regresar al hotel nos encontramos con que no hay ningún bar abierto en los alrededores. No hay problema, el conserje avisa a un amigo del un local de enfrente, para que nos tomemos el último té a la luz de la luna de Larache. Nos aloja en una bonita terraza, alrededor de una bonita fuente y un bonito jardín, con la bonita luz de la luna casi llena, pero en la que había unos bonitos mosquitos que me dejaron la cara y las manos como el hombre elefante. No en vano estamos en el estuario del rio Lukus, aquel que atravesamos ya hace unos días en su recorrido más al este.

Mañana se termina el viaje, y como siempre cuando te vas acercando a este punto, comienza a asomarse una sensación de que vas a dejar algo atrás que no vas a poder recuperar.

—- DIA 8. LARACHE – TÁNGER —-

Suzuki Van Van en Assilah (Marruecos)

Esta noche ha sido algo movidita. Los últimos días hemos ido cayendo algunos con el llamado “mal del viajero”, o “diarrea del viajero”. A pesar de que hemos sido prudentes respecto a las normas de alimentación, algunos hemos empezado con molestias gastrointestinales. Nada que no mejore un poco de Loperamida (Fortasec®) y sales de hidratación oral. Hoy agradecemos que solo tenemos unos 90 km hasta Tánger, ya que, el malestar general que provoca esta situación se añade al cansancio acumulado del viaje. Respecto a esta patología tan común, hay ser cuidadoso con las comidas, no lavarte los dietes con agua del grifo, etc. Sin embargo, las características fisiológicas de cada viajero también influyen; ayer mismo un compañero de ruta me comentaba que él había bebido agua del grifo casi todos los días…

Mapa Ruta (Día 8)

Según salimos de la ciudad, atravesamos el estuario del oued Lukus. Este río desemboca en el océano atlántico a la altura de Larache, formando unos grandes meandros donde se mezclan las aguas dulces con las saladas del mar. Es un lugar propicio para la pesca de angulas que algunos de los viajeros las disfrutará en la comida de este día, y también cuna de los mosquitos que me han deformado la cara… Otro lugar que se nos queda en el tintero del viaje son las ruinas de la ciudad romana de Lixus, que se sitúan próximas a Larache. Ya tenemos un nuevo motivo para volver por estos lugares…

Seguimos por una zona plagada de campos de cultivos: naranjos, higos, trigo, olivos… Se ven los árboles, pero también distinguimos los productos de la huerta en las cunetas de las carreteras. A cada paso vas encontrándote vendedores: naranjas cacahuetes, patatas, higos, alubias,… ¿Os acordáis lo contentos que nos poníamos cuando con el Seat 127 de tu padre, tío o abuelo parábamos a comprar un melón o una sandía o un kilo de naranjas para merendar allí mismo, al lado de la carretera? Pues esos recuerdos me han ido viniendo a la cabeza mientras hemos recorrido esta zona del norte de Marruecos. Teníamos menos pero éramos más felices, sensación que me recuerda a lo vivido por aquí estos días.

Oceano Atlántico (Assilah)

Reflexionando ante el Atlántico

Nos recibe la ciudad de Assilah (Arcila) con el cielo algo cubierto por las nubes, que nos impiden disfrutar de la luminosidad de sus calles. Presenta unas características similares a las de las ciudades de la costa atlántica andaluza o portuguesa, no en vano de ambas culturas tiene raíces esta ciudad. Las casas están encaladas mezclando el blanco y el azul añil, y algunas de ellas se encuentran adornadas por pinturas murales de los artistas que allí viven o que la visitan en su famoso Festival de las Artes. Estos graffitis se renuevan año a año y le dan un colorido especial a la ordenada y limpia medina de esta población de unos 30.000 habitantes.

Tipica calleja

Es preceptivo dejar las motos al cuidado de un guardien, que como ya he comentado en post anteriores, es totalmente recomendable y seguro. Previamente hay que acordar con el jefe un precio, que suele rondar los 1 ó 2 dirham por vehículo.

Bab en Assilah

A lo largo del paseo que damos por esta ciudad, famosa por sus playas para realizar surf, nos vamos encontrando con españoles por todas partes, nada que ver con las localidades que hemos ido visitando los últimos tres días. Otro de los atractivos de este viaje es que, en tan solo 400 km, puedes pasar del Alto Atlas a la turística costa atlántica. En las tiendas de Assilah, pudimos comprar el famoso aceite de argán, que se extrae de una árbol endémico del suroeste de Marruecos y del oeste de Argelia. El aceite que produce sus frutos está muy de moda y se exporta como un producto de alto valor comercial. A nosotros nos servirá también para compensar en casa todos los días que hemos estado fuera. Creo recordar que un botecico de 100 ml, nos costó 3 euros .

Puestos de zumo de Naranja y graffitis en Assilah

Artistas callejeros en Assilah

El jefe de sala del restaurante El Espigón nos aconseja que tomemos algún fruto del mar del mismo océano que observamos desde las ventanas de su comedor. Almejas, gambas, doradas, y alguna ración de angulas componen las comandas. Es nuestra última comida en Marruecos, y se asemeja mucho a cualquiera que nos pudieran ofrecer en un pueblecito costero de Huelva, Cádiz o Málaga.

Comida típica en Assilah

Una vez acabadas las viandas, partimos hacia el caos… Hacia el caos organizado del tráfico de Tánger. Nos adentramos poco a poco en la ciudad que nos dio la “calurosa bienvenida” el primer día. Esta vez no entramos a la medina, pero nos volvemos a perder, ya que nos dirigimos dirección al muelle pesquero, y no al puerto desde el que parte el Ferry. No importa, rodamos por el paseo marítimo hasta lograr nuestro objetivo. A la llegada, lo de siempre: colas interminables, paisanos vendiendo toda clase de productos de lujo a precios de saldo y la gendarmería pidiendo papeles.

Esperando al Ferry (Tánger)

Esta semana se me ha pasado como un relámpago: el tiempo pasa rápido cuando los vivimos con intensidad, salvo cuando hay que esperar al Ferry de marras. La verdad es que el paso de la frontera esta vez ha sido “menos lenta”: solo unos 30 minutos esperando. Pero, cuando ya hemos cumplido los primeros trámites y nos dirigimos a la cola de embarque, uno de los compañeros de viaje no encuentra en ninguna parte el billete para poder montar su moto en el barco. Carreras, prisas, diligencias, gestiones a toda prisa para poder embarcar. Cuando saca el dinero para pagar en la ventanilla de la agencia y le piden los papeles de la moto para formalizar el billete, aparece la ticket de marras… La barakka nos acompaña hasta la salida del país…

Desde el Ferry nos despedimos de la ciudad de Tánger, de Marruecos, de África. Rápidamente nos encontramos en medio del mar; la estela blanca del barco contrasta con el azul oscuro y profundo de las aguas del estrecho. Aún con todo, se me asemeja a una gran calle o avenida, por el tránsito de barcos de este a oeste, con sus dos aceras o costas que están cercanas, pero a la vez lejanas.

En la popa del barco y acompañado por la puesta de sol, vengo haciéndome una penúltima reflexión. Maghrib al Aqsá”, “el remoto occidente”, es la denominación que tiene Marruecos en árabe. Para muchos de nosotros el concepto de este país siempre ha tenido este atributo: lejano y remoto. Normalmente esta frontera siempre es mayor a nivel mental, a pesar de que geográficamente sean nuestros vecinos y que durante siglos haya habido un trasiego de hombres, cultura y tradiciones entre ambos lados del estrecho. En mi caso, visitar Marruecos ha sido mi viaje más lejano a un lugar muy cercano. Está claro que no puede ser el último.

En el estrecho

 

Video resumen de los tres últimos días:

17 comentarios

17 pensamientos en “MARRUECOS (Suzuki VV Morocco)

  1. Una gran aventura porque la aventura es siempre interior y personalísima

    • ClayR

      Gracias Miquel.
      La verdad es que aunque de pequeñas dimensiones geográficas y de cilindrada, ha sido una gran aventura emocional y motera.

      Muchas gracias por poner un ojo en este pequeño blog.

  2. Pingback: Pirineos de Huesca (LLanos del Hospital, Cañon de Añisclo y Bujaruelo) | Viajes en una VanVan

  3. Anónimo

    I don’t understand a word your writing but I love the photo’s 🙂
    A nice trip. So it doesn’t really matter how big or better strong your motorcycle is to have a good time!
    Thanks and greetings from Germany 🙂

    • ClayR

      Thank you very much, I’m glad you like it.

      You can use the traslator of the page

      😉

  4. Vansolo

    Tenemos que volver.,, Y lo sabes.
    Gracias por todo Adolfo.

  5. Van GS

    Fantastica cronica ,me la acabo de leer del tiron👏👏👏

  6. Anónimo

    Salut ! no hablar espanol ! Je suis français et je vous remercie pour ce très joli reportage qui me donne encore envie de voyager . J’ai 60 ans et je roule depuis 10 ans en 125 cc . Je suis en Varadero , mais j’ai eu un van van , super moto

  7. Salut ! no hablar espanol . Je suis Patrick , français de 60 ans et je roule depuis 8 ans en 125 cc et je voyage . J’ai une Varadero 125 , mais j’ai eu aussi un vanvan .

    Je voulais vous remercier pour ce très joli reportage , ces belles photos , ça me donne envie de repartir tout de suite . C’est très bien , je suis de tout cœur avec vous , encore mille mercis ! Patrick

    • ClayR

      Salut, Patrick!
      Merci pour se arrêter par le blog et laisser un commentaire si amical.
      La passion de Voyage est indépendante du moteur de la moto. En fait, le déplacement de moins (centimètres cubes), plus d’aventure (et plus amusant)…

      Hola, Patrick!
      Gracias por pasarte por el blog, y dejar un comentario tan amable .
      La pasión del viaje es independiente de la cilindrada de la moto. De hecho, cuanta menos cilindrada (centimetros cubicos), más aventura (y más diversión)

  8. Pingback: Foto Van Van. A la chavaleria le gustan las motos | Viajes en una VanVan

  9. Anónimo

    Creo que lo acabo de escribir en otro apartado del blog,me superan las emociones y los recuerdos cada vez que pintxo uno de tus enlaces,otra vez el recuerdo de todas las sensaciones vividas en cada una de las etapas de nuestro viaje,tenemos que volver y lo sabes!!!

  10. Pingback: VANdalucía (2). Almería: desierto, mar y montaña. | Viajes en una VanVan

  11. Pingback: VANdalucía (5). Vuelta al Norte | Viajes en una VanVan

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