Pirineos de Huesca (Llanos del Hospital, Cañon de Añisclo y Bujaruelo)

 

Hola, jefe! ¿Alguien por aquí nos podría vender algo de gasolina? Con unos dos litros nos bastaría…- El paisano de Fiscal nos mira como a dos motoflaúticos, pensando “¿de dónde habrán salido estos? Si hay gasolineras de sobra a menos de 20 km a la redonda”. ¡J****r!, 1.800 km por Marruecos y ni un problema con la autonomía de la Van Van, y en pleno Pirineos, llevamos en reserva más de 40 km. La mezcla del calor reinante, las ganas de rodar y llegar a Boltaña, para disfrutar mañana por los Pirineos, nos hace confiarnos respecto a la gasolina.

Subiendo a Cerler

Desde Pamplona iniciamos una ruta hacia Pirineos. Unos abrazos con Julitro y una birra, para comenzar a recordar buenos tiempos. Desde las 17:00 horas tenemos unas 4 ó 5 horas de sol, para poder llegar a Boltaña, a unos 170 km. En nuestras monturas y a nuestro ritmo vanvaner, nos dará tiempo antes de que anochecer. La zona del pantano de Yesa es nuestra compañera. Hace sol, mucho calor,  y es posible que se nos vaya recalentando la sesera debajo del casco. Paramos en Berdún y vuelta a la carretera; los tramos desdoblados por autovía, nos hacen ser los únicos seres por la carretera nacional N-240, además de los lagartos.

Tras pasar Sabiñanigo, y con solo 140 km, se empieza a encender la reserva (normalmente lo hace con 160-170 km). “Bueno”, pienso, “yo sigo a Julitro que controla las carreteras y las gasolineras de por aquí: es un animal pirenaico”. Pero la carretera pica hacia arriba, o más bien es una auténtica pared, y subimos revolucionados a tope, con lo que el gasto de gasolina puede dispararse. Aprovecho la bajada (otra pared), para ir en punto muerto, por si acaso…Mi compañero se queda extrañado de la poca velocidad a la que bajo (aunque voy a unos 70 kph y en ralentí…). Ya en Fiscal le advierto que llevo unos 35 km con la lucecita naranja encendida. A él se le acaba de encender.

La búsqueda de gasolinera en Fiscal es infructuosa. Tras el diálogo con el paisano, decidimos arriesgarnos: hasta Boltaña son 20 km y parece que son la mayoría de descenso. Se va haciendo la noche y al sur (a nuestra derecha), un gran nubarrón presagia una buena tormenta; parece que avanza lento aunque en nuestra dirección. Un recorrido guapo: la noche echándose encima, la tormenta perfecta a nuestro alrededor y con la gasolina más que justa para llegar a nuestro destino. ¿Se puede pedir algo más?

Pirineos

Llegamos a Boltaña, como quien ha terminado una peregrinación: dando gracias al los dioses. Una vez retirados los pertrechos de las motos, el Hotel Boltaña nos recibe. Se come bien por estos lares, sobre todo si es una buena chuleta de Ternera del Pirineo Aragonés. Al final de la comanda, un paisano, se nos acerca a charlar con nosotros, adivinándonos moteros por las chupas y las camisetas; parece que las motos atraen al personal. Se ofrece a pagarnos y tomarse una copichuela con nosotros; no era la primera que se tomaba, ni la última que se tomará, así que creo que hubiera invitado a cualquiera que por pasara por allí, independientemente que hubiera llegado en 4×4, motocarro o burro. A pesar de que empiezan a caer las gotas de la tormenta que nos perseguía esta tarde, nos tomaremos unos gin´s para empezar a desbarrar sobre posibles rutas del año que viene, no descartando ni siquiera Nordkapp, Los Alpes… Mejor vámonos a descansar y tener sueños durmiendo.

Llanos del Hospital

Una vez desayunados, nos disponemos a llenar los depósitos: llegue a meter 6,78 litros en la Van Van con el contador a 199 km, así que teniendo en cuenta que el lleno es de 7 litros y la autonomía de unos 200, muy pocos km más hubiéramos podido hacer…

Bueno, ya está: nos disponemos a rutear por los Pirineos Aragoneses. Lo primero llegar a Ainsa y rodear por la estupenda A138 los embalses Mediano y de Grado, hasta llegar al Congosto del Río Ésera, donde se encuentra el Puente del Diablo, construido por el mismo Lucifer, que fue engañado por una joven lugareña. Seguimos ruta ahora dirección norte. Tras pasar no sé cuántos túneles, llegamos al embalse de Barasona. En uno de los adelantamientos, una señora me hace gestos de saludo. “¡Qué raro! ¡Si por nuestro querido país, no se tiene como costumbres saludar a los moteros…!” Lo voy comentando con mi compañero de ruta a través de los Interphones recién adquiridos. Todo un invento el aparatito, se puede ir comentando la jugada con el compañero de ruta, con lo que se hace más ameno el viaje.

Al llegar a Graus, la señora que nos había saludado, se para a hablar con nosotros, y nos comenta que desde mi maleta ha salido volando una cartera. Reviso mi maleta y me doy cuenta que he ido durante varios kilómetros con ella abierta. Menos mal que llevo todo en bolsas estancas metidas a presión, porque si no el todoterreno donde iba la señora hubiera tenido que poner a funcionar los limpiaparabrisas para quitarse de encima una lluvia de pantalones, calcetines y calzoncillos. Una vez revisada la impedimenta soy incapaz de saber que se me ha podido caer, pero no lo identifico como nada importante, así que seguimos hacia el Congosto de Veintamillo. Un poco más tarde, como “el niño de los donuts” me vendría a la cabeza: ¡LOS MAPAS!. No se cuántos Michelín he perdido ya, pero invito a la firma a patrocinarme, porque les va salir rentable…

Congosto del Ventamillo

Bueno a lo que vamos: el Congosto del Ventamillo es una ruta totalmente recomendable. El tramo de la carretera N-260, entre Campo y Castejón de Sos, es una auténtico disfrute. Nos acercamos hasta Benasque y seguimos el camino hasta que no podemos seguir más (porque se acaba): llegamos a Los Llanos del Hospital. En el restaurante del Hotel pudimos degustar un excelente cochinillo asado y un cordero delicioso.

Hacia Llanos del Hospital

Toca bajar hacia Benasque y acercarnos a Cerler, donde podemos disfrutar de unas excelentes vistas del valle. Los estragos de las riadas por el desbordamiento del rio Ésera son aún visibles… Nos queda todavía una tarde de disfrutar de la moto: nos acercaremos al Cañón de Añisclo. Quedamos con el oscense Vángel en Campo y tras los saludos y los pitillos, nos ponemos en marcha. La estupenda carretera nacional N-260, nos acerca a Aínsa, pero decidimos no entrar en el pueblo, porque se nos va echando la tarde encima, y nos queda un buen caramelo. Ya hay excusa para volver por aquí.

¿Qué tiene el Cañón de Añisclo que una vez que pasas por allí en moto quieres volver? ¿Serán los aproximadamente 10 km por los que vas enclaustrado en el mismo desfiladero? ¿O que es tan estrecho que en verano solo hay una dirección posible (de Escalona a Fanlo) en su bacheada carreterita? ¿Los semitúneles del Congosto? ¿O que parece que la montaña te abraza desde no sé ni los metros de altura? En el video solo refleja una infinitésima parte de lo que se puede experimentar. En fín, el Cañon de Añisclo en moto.

Vistas desde Fanlo

Nos relajamos en Fanlo con una bebida de cebada, disfrutando de las vistas de los montes pasados y junto a las montañas que rodean Ordesa. Nos despedimos de Vángel en Broto: él regresa a Huesca, mientras nosotros pernoctaremos en Torla. La llegada al pueblico es espectacular, sobre todo si llegas atardeciendo. El Hotel Bellavista hace honor a su nombre.

Amanece en Ordesa

Esta noche nos meteremos entre pecho y espalda un chuletón, siendo el centro de atención de toda la terraza del bar, al traérnosla humeante en su piedra bien caliente. Hoy nos acostamos pronto. La jornada ha sido larga, y las “aguas de fuego” de ayer no perdonan…

Subida a Bujaruelo

Tras desayunar viendo las montañas del cañón de Ordesa desde la terraza del hotel, subimos al Refugio de Bujaruelo, por una pista forestal que te introduce en pleno valle. El refugio se sitúa junto a un puente romano, muy cotizado para la realización de fotos en un marco incomparable. Después de cargar las maletas en las Van Van, que habíamos dejado en el hotel, disfrutamos de la carretera de puerto del Cotefablo, para bajar a Benasque y de allí hasta Jaca.

Riachuelo de Bujaruelo

Una visita al Monasterio de San Juan de la Peña, y la comida en el restaurante Espantabrujas de Santa Cruz de la Serós, pone fin a un fin de semana pirenaico por Aragón.

Toca volver a la rutina de ir enlatado…hasta la próxima.

Vista de Torla (Pirineos) en la Suzuki Van Van (RV 125 cc)

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