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Almería. Mar

Cabo de Gata

Tierra árida batida por los vientos y erosionada por la violencia súbita de las lluvias ocasionales: Tierra de Cabo de Gata. Donde el color no es color; es tan solo la luz. La anterior vez que estuve por estos lugares, lo que más me llamó la atención fue la luz. Esperaba un paisaje lleno de luz, pero estos dos primeros días sorprendentemente, nos ha llovido y las luces estuvieron algo apagadas, secuestradas más bien. Pero, cuando la luz no existe hay que imaginarla…

El aislamiento de sus parajes, así como su insólita belleza, han convertido esta zona, en un lugar de indudables valores artísticos que ha atraído a pintores, fotógrafos, escritores y literatos… así como a hippies y moteros de mala condición (de hecho Vangel ya venía mucho por aquí antes de tener moto…)

Las Negras

Desde Tabernas y por carreteras secundarias bordeando la urbe de Almería, nos vamos acercando a Gata. Poco a poco va desapareciendo la civilización y los plásticos de los invernaderos, y surge un territorio plano donde solo el agreste de las formaciones montañosas que lo rodean hacen detener a la vista. Las montañas volcánicas de Cabo de Gata constituyen una pequeña parte emergida de una gran área magmática que se extiende actualmente bajo el mar. Esta es la razón de lo más peculiar del paisaje costero: cerros del color de la noche precipitándose a un mar del color del cielo, como grandes toros arremetiendo contra el océano.

Desde San Miguel de Cabo de Gata la carretera transcurre plácida bordeando la reserva natural de las salinas a un lado y, a tan solo unos metros, el mar atusando la arena de la playa. Tras una pequeña ascensión, pasando por miradores y acantilados de roca negra, llegamos hasta el punto geográfico del Cabo de Gata, donde se encuentra el mirador hacia el arrecife de las Sirenas. Se dice que esta escultura pétrea del litoral almeriense, estaba habitada por sílfides marinas que hipnotizaban a los marineros que por allí navegaban; pero la realidad parece más prosaica y parece ser que era un grupo de focas monje.

Tormenta sobre el mar Mediterráneo

Bordeamos el Cerro de La Testa, donde parece ser que estaba albergado el templo de la diosa que los púnicos llamaban Tartea, los griegos Afrodita y los romanos Venus. Nos acercamos a San José, para coger una pista que nos conduce de nuevo al mar, hacia las playas. La de Mónsul, con dunas doradas rodeadas de paredes de lava; y la playa de los Genoveses: una cala de arena fina y un paisaje salpicado chumberas. Así mismo, destacan los pitacos, algo tan característico el paisaje de Cabo de Gata, pero que parece se trata de una especie invasora. En la hermosa aldea de Las Negras, volvimos a sucumbir a otras especialidades culinarias de la zona. Un arroz marinero, y una parrillada de pescado y solo nos falta echar la siesta…

Aprovechamos las tarde para irnos tierra adentro. Las nubes se van haciendo cada vez más plomizas, el cielo nos avisa de que no nos va a dar tregua: que hagamos la ruta que queramos, pero acabaremos pasando por debajo de la borrasca. No pudimos disfrutar de las curvas de la subida que hay entre Carboneras y Garrucha, nos cayó un calderada de agua de cinco minutos, pero que nos dejo tiesos para el resto de la jornada…

Cortijo del Fraile

Por el interior del parque del cabo de Gata, puede apreciarse pequeñas cortijadas ruinosas que pertenecen ya al paisaje, recuerdan el pasado de lo que fue. Uno de ellos es el Cortijo del Fraile, escenario de película, e inspiración de relatos sangrientos. Se accede a el por una pista de arena roja y se encuentra situado en un paraje desolado. Con su estructura ruinosa, parece querer decirnos que desea deshacerse poco a poco, dentro del propio paisaje. La tormenta que teníamos encima y que al poco descargó, añade la nota dramática a la escena. Menos mal que se nos ocurrió preguntar a unos paisanos que por allí pasaban, que nos advirtieron de que la pista que íbamos a hacer, estaba convertida en un lodazal y que era mejor volver a Los Albaricoques. Y es que (Pluto nos ha aleccionado bien) somos muy de PAP (Pregunta Al Paisano) y algo menos de GPS (aunque alguna vez nos ha salvado también).

Y es que, efectivamente y tal como pudimos comprobar, en estas zonas desérticas no llueve más que dos veces al año, de forma torrencial y muy localizada. Enhorabuena: hemos estado ahí, en tiempo y lugar concreto. También nos llovió al día siguiente, así que podéis ir tranquilos este año a Almería: ya no lloverá…

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VANdalucía (2). Almería: desierto, mar y montaña.

Desierto

Desierto y Mar

Nos encontramos con Pluto, Ilak y Suso. Ayer llegaron más pronto que nosotros, y ahora por la mañana comentamos la jugada… Tenemos una semana por delante para deleitarnos con las carreteritas desde Cabo de Gata hasta La Alpujarra. Ellos disfrutaron ayer del Puerto de Velefique. Lo tenía marcado en la hoja de ruta, pero finalmente no lo podré hacer. Ya tengo excusa para volver.

Las monturas en Mini Holliwood

Hemos quedado con Lokkis, un vanvanero de Almería, para que nos hiciera de anfitrión en tierras almerienses. Él ha tenido la “culpa” de que me bajara hasta aquí, con sus crónicas en el Foro. Teníamos previsto hacer hoy una ruta por la zona de Calar Alto, pero al final cambiamos los planes para subir al Pico Colativí. Antes pasamos por la zona de los Holliwoods almerienses (MiniHolliwood y TexasHolliwood). Tras la jornada de hoy comprenderemos porqué producciones como “Indiana Jones y la Última Cruzada”, “Patton”, “Lawrence de Arabia”, “El Bueno, El Feo y el Malo” o “Cleopatra”, eligieron estos lugares como escenarios.

Vanvaneando por el Desierto de Tabernas

Vanvaneando en Desierto de Tabernas

Vanvaneando en Desierto de Tabernas

Según vamos subiendo hacia el Pico Colativí, podemos ir observando el erial que se va ampliando a nuestros pies. Pocos lugares como los desiertos son capaces de aunar con perfección en su paisaje, la desolación y la belleza. La escasa o nula presencia de vegetación sobre el terreno, con una variada gama de colores, blanquecinos, marrones, ocres, terracotas, amarillentos, grises y rojos, hacen que este paisaje lunar cause un gran impacto visual y emocional al viajero. Los romanos llamaron a esta zona que se extiende desde Almería hasta Murcia Campas Spartarius, ya que en ella solo valoraron que crecía el esparto. Pero el observador que tiene sentido del paisaje aprecia la belleza que se encuentra en ella. Cerros pelados dan lugar a barrancos erosionados por las escasas lluvias que se vislumbran de carácter torrencial. Abundan los montículos arenosos, las zanjas y las ramblas secas originadas por los torrentes de agua de lluvia a lo largo de los años.

Bajando del Pico Colativi (Huebro y al fondo los mares)

Por una divertida pista llegamos al Pico Colativí, desde donde podemos observar el mar Mediterráneo y las costas del Cabo de Gata. Así mismo, según vamos descendiendo por la zona de Huibro, y a través de una luz seca, engañosa, podemos ver como toda la costa está cubierta de otro tipo de mar, el océano de plásticos de los invernaderos. Atravesamos Níjar, y nos dirigimos hacia el mar, atravesando pequeños valles como el del Pozo de los Frailes, adornados con chumberas y con un verdor que no habíamos observado hasta ahora. En San José pudimos degustar alguna vianda típica de estos lugares.

Campillo de los Genoveses (Cabo de Gata)

A la tarde, y siempre guiados por Lokkis, nos adentramos en el Cabo de Gata por el este. Una pista que en ocasiones está cerrada al tráfico, nos conduce al Campillo de los Genoveses, un pequeña ensenada que se sitúa entre la sierra de Gata y el mar Mediterráneo. El nombre está relacionado con una interrupción del dominio musulmán de esta zona entre 1147 y 1157, el decenio en el que se mantuvo la ocupación cristiana llevada a cabo por una coalición liderada por Alfonso VII (rey de Castilla y León). En ella tomaron parte aragoneses y una flota de genoveses, todo ello con el beneplácito del Papa Eugenio III, que le dio carácter de cruzada. Una flota genovesa se mantuvo oculta durante el asedio de la ciudad de Almería en la ensenada en la que nos encontramos, de ahí su nombre. Pitas, pencas y chumberas adornan el camino, que junto con el prado florecido de amarillo, con alguna pincelada roja, y al fondo el mar, dan a este lugar una combinación cromática especial. Toda una delicia. Un poco más allá la Playa de Monsul, lugar cinematográfico donde el Sean Connery, en el papel de padre de Indiana Jones, derriba a un caza alemán, con la simple ayuda de un paraguas.

Cabo de Gata

Nos acercamos ahora hacia el Faro del Cabo de Gata. Una carretera paralela al mar, con la costa nuestra derecha y las salinas y las montañas rojizas de origen volcánico a la izquierda, nos dirige hasta la ensenada del cabo de Gata. Atravesamos Torre García y la capilla de Las Salinas, que señala el lugar donde hubo una aparición a unos pescadores en 1502. Tras una pequeña colina, podemos apreciar el lugar donde se alza el Faro. Hasta allí llegaremos: es el final del mapa que me desvelaba de mis sueños hace unos días. De nuevo Grisácea se ha portado…

El Mar en Cabo de Gata

Salinas en Cabo de Gata

Rambla y Montaña

Al día siguiente nos acercamos a la zona de Santa Fe para hacer unas pistas. Desde Tabernas se atraviesa la escarpadura que forma el lecho del río Andarax, donde el verde profundo de los naranjos, contrasta fuertemente con los tonos ocres ligeros y fuertes de las ramblas y llanuras del desierto. Una vez en Santa Fe seguimos la máxima vanvanera para llegar a todos los lados, menos sofisticada que el GPS pero más eficaz: el PAP (Preguntar Al Paisano). Preguntando se llegó a Roma, y “Preguntando al Paisano” te indica la carreterita o la pista por donde quieres y puedes vanvanear… Así que, nos acercamos a la plaza el pueblo a almorzar y a preguntar a los paisanos. Conseguimos la información precisa, y yo me quedé hablando con el señor Simón, al que todos en la plaza le saludaban; fue barbero “de navaja”- como me dijo él-, ferroviario y también muy parrandero. “Ahora los euros no sirven para nada, antes una perra gorda, y te ibas toda la noche de jarana. ¡Toma, para que se lo des a tu hija, que así conocerá lo que es la peseta!”, me dice dándome una moneda de 100 pelas. La guardaré durante todo el viaje hasta llegar a casa… Me despido de él y nos acercamos hacia el erial.

Vanvaneando en Tabernas

Una rambla a ratos arenosa y en ocasiones pedregosa, nos va acercando a Las Alcubillas. Hace calor y en estas hondonadas aun más. La rueda de atrás colea y colea. Atravesamos un par de veces las vías del tren (hacía años que no pasaba un paso de tren sin barreras). Parecen abandonadas, y si apareciera un convoy ferroviario, a lo mejor aparecen “Rubio”, “Sentencia” y “Tuco” desde la colina más próxima. En vez de eso, aparece un pastor, que apremiado por Pluto (todo un maestro en la técnica PAP), nos dice que vamos en la buena dirección.

Tráfico en la Rambla de Santa Fe

Por la tarde, decidimos dejar atrás el desierto y subir a las montañas. A la mañana estábamos clavando rueda en la arena del desierto, y a la tarde en la nieve de la Sierra de Los Filabres. Nos vamos alejando del mar y una vez ganamos altura, apreciamos toda la zona de la costa, vislumbrando Sierra Nevada, hasta llegar al Observatorio Astronómico. Ahora hace frío, me ha venido bien la cazadora tricapa… Los vanvaneros se divierten como niños en los neveros, solo falta la guerra de bolas…

Observatorio Astronómico de Calar Alto

Bajamos hacia Gergal para ir directamente hacia Tabernas, pero el mapa Michelín (¡qué bonico él!), nos indica que hay otra carreterita sin definir entre Olula de Castro y Castro de Filabres, para que vamos a ir directos ¿no? Otra montaña llena de curvas…

Sierra de los Filabres

Atardece. Uno de los momentos que más me gusta de los viajes en moto es que te pille atardeciendo. Significa que no tienes prisa por llegar a casa, que no hay obligaciones por hoy ni mañana… ¿se le podría llamar libertad? Entre Desiertos y Sierras han transcurrido las jornadas en Almería. En Tabernas, paramos a tomar una cerveza. El jefe del garito nos invita a una ronda, nos comenta que es de Marruecos, y es la guinda del pastel para tener un deja vú . Nos acercamos a cenar al Route 66, una costillas “american style”, y tras llegar al hotel, nos retrasaremos en ir a la cama, ya que una fiesta de despedida de los un nutrido grupo de estudiantes de geología ingleses que se alojan allí, va a hacer que no podamos dormir en un rato. Si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él…

Nos vemos en el siguiente post…

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