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Algarve y Costa Vicentina (Portugal). Video

El litoral algarvio. La calle mayor N-125

“De Ayamonte hasta Faro, sin rumbo por el río, entre suspiros, una canción viene y va”. Cano

Sagres y la costa Vicentina. La última frontera.

“Siempre es buena la libertad, hasta cuando vamos hacia lo desconocido”. Saramago

El Algarve serrano y la vega oeste del Guadiana.

“Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”. Pessoa

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Algarve. El litoral Algarvio

El litoral algarvio. La calle mayor N-125

“De Ayamonte hasta Faro, sin rumbo por el río, entre suspiros, una canción viene y va”. Cano

Fabrica[

Suzuki Van Van en Costa del Algarve

Mientras cruzamos el Guadiana hacia Vilareal de Sâo Antonio en la barcaza en la que nos hemos embarcado en Ayamonte, pienso en los tiempos (no tan lejanos), donde había una frontera por aquí. Una frontera que al cruzarla puedes apreciar la misma luz a un lado y al otro y, por ende, supongo que habrá las mismas ambiciones, esperanzas, inquietudes y frustaciones en las gentes de ambas orillas. A los únicos a los que no nunca les pedirán el pasaporte (y no tendrán ambiciones ni frustaciones) será a los peces que libremente surcan las aguas de esta frontera.

Así damos comienzo a una nueva aventura: recorrer el Algarve hasta llegar al “fin del de la Tierra” en el Cabo de San Vicente. El Algarve, del árabe al-Garb: “lo más al este”; con ese nombre, comienza bien el viaje. Y como hemos ganado una hora nada más cruzar la frontera, no podemos poner mejor colofón al comienzo de nuestra “aventura de Mattel”, que dar cuenta de una buena caldeirada de marisco,  con sus tres horas de sobremesa posteriores.

Costa Vicentina

Ayamonte desde Vila-Real do São Antonio

Nos echamos a la carretera de nuevo. En este caso, la Nacional 125 es la vertebradora de los caminos del sur del Algarve; transcurre paralela a la costa y se ramifica cuando quiere hacia las playas y los acantilados, que son infinitos en estos lugares. Como no podemos visitar todos los emplazamientos deseados -ya que no anda el viajero sobrado de tiempo-, elegimos acercarnos a algunos de ellos.

Costa Vicentina

Fortaleza de Cacela Velha

El primero será Cacela Velha, un pueblecito-fortaleza a tan solo unos kilómetros de la frontera. Una calle de casas encaladas con llamativos colores en su bordes te lleva al final del pueblo. Y desde la altura de su muralla se puede contemplar la barra litoral de la desembocadura del Guadiana y la ría de Formosa. Una línea de islas de arena y matorrales bajos frenan la bravura del océano y calman la llegada de olas a tierra firme. Entre el viajero y los islotes, transitan por las marismas pequeñas barcazas, que antaño portarían la pesca diaria y hoy trasvasan bañistas a la barra arenosa del litoral del pueblo de Fabrica.  Esta línea de costa “en dos partes”, con su marjal en medio, son típicas de todo el Algarve oriental, desde Castro Gordo a Faro.

Cacela Velha

Casas en Cacelha Velha

Cacela Velha

Calle típica de Cacela Velha

El viajero transita feliz por el campo minado en el que se ha convertido la N-125. El viajero comprende que es mejor seguir la línea central de su propio carril; no solo porque evitará los baches, socavones y raíles, sino porque así hará entender a los vehículos posteriores, que no desea ser adelantado en su misma banda longitudinal destinada al tránsito una sola fila de vehículos.

Costa Vicentina

Marjal de Fabrica

Cartel en Olhau

Cartel en Olhau

Paramos a pernoctar en Olhãu, una villa pesquera que contrasta con otros pueblos turísticos más elegantes del litoral algarvio. El viajero se alegra de callejear en horas nocturnas por el barrio de pescadores, un laberinto con auténtico dejo portugués y clara influencia morisca. Las ruas se encuentran desaliñadas, decoradas con graffitis y algún cartel vintage, y empedradas solo como los calceteiros portugueses saben hacerlo.

Antes de que nuestras Dunlop vayan rebotando de nuevo por las calzadas lusas,  investigamos las diferentes formas de preparar el café que existen en Portugal -más incluso que en España-. Tomando un café pingado o un galâo, el viajero no se puede resistir a tomar una nata: esas deliciosas tartaletas de hojaldre rellenas de crema de flan horneadas y ligeramente tostadas en su cubierta. 

Seguimos por la N-125 y, como es lógico y natural en nuestra marcha, nos vamos perdiendo entre tanto cruce, tanto desvío a la playa, tanta pequeña carretera, tanta señal de sendero hacia algún lugar pintoresco… Una especie de juego de la oca con muchas casillas y algunos premios. Siempre es igual en los sitios de costa… En una de estas, nos metemos en la carretera que bordea el aeropuerto de Faro y los aviones pasan rozando las marismas y a escasos metros de nuestros cascos. Más tarde, se acerca un carabinero motociclista de la Guardia Nacional Republicana, curioso de por sí o por obligación de autoridad, ya que varias motos paradas alrededor de una rotonda llaman un poco la atención. Todo se resuelve con un par de indicaciones de adonde dirigirse, un “¡Boa Viagem!” por parte del guardia y un “¡Obrigado!” de nuestra parte, que el agente agradece francamente al oírlo en su lengua oriunda.

Carvoeiro

Carvoeiro

Cataplana (Carvoeiro)

Cataplana (Carvoeiro)

La esfera de color cobre aterriza en la mesa, se abre con mimo, y de inmediato los aromas invaden el olfato y los colores recrean la vista. La cataplana de marisco hace su aparición, y el cítrico olor a cilantro estimula las papilas gustativas.  Si a esto le añades haber llegado a bordo de tu motocicleta un lugar como Carvoeiro, te crees “o rei do mundo“.

(Gracias a Sergio por la invitación)

Si el Algarve oriental, destaca por sus marjales, largos arenales y marismas, el occidental está formado por calas pequeñas rodeadas de altos acantilados, muchos de ellos grandemente erosionados por las poderosas olas que azotan esta costa. Uno de los lugares señalados de esta parte de litoral algarvio es la Punta da Piedade: un faro rodeado de acantilados de cobriza arenisca, moldeados por los vientos y la marea en ángulos imposibles, que contrastan con los tonos verdes y turquesa profundo de las aguas del Atlántico.

Ponta da Piedade

Ponta da Piedade

Nos vemos en el siguiente post.

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