Suzuki Van Van Morocco (2). Desde el Rif a Meknes

Por el Rif

Una vez levantados, instalamos todos nuestros pertrechos en las motos, con un cambio de luz trasera en una de ellas, ya que los compañeros me dijeron que ayer apenas se veía en la noche marroquí. La ruta de Tetuán a Chauen (carretera N-13) se interna por las montañas de la cordillera del Rif, lo que hace que comience una larga sucesión de curvas, que son agradecidas por las motos y sus pilotos.

Seguimos con el curso de conducción; he de decir que nunca he realizado una ruta con tantos adelantamientos a coches, camiones, motocarros… La conducción en Marruecos se podría describir como “un caos organizado teniendo en cuenta diferentes normas de consideración no escritas hacia los otros conductores”. Lo cierto es que, salvo muy pocas excepciones, hemos visto pasar coches a una velocidad exorbitada; tampoco hemos visto (ni veremos en todos los días de viaje) accidente alguno, a pesar de los casi 2.000 km que haremos en ruta. Con nuestras motos, que no alcanzan velocidades mayores de los 100-110 km/h, hemos podido adelantar a casi todo tipo de vehículos, muchas veces con la colaboración de los conductores de los coches, camiones, dockers o furgonetas que están siendo adelantados. Así mismo, las ráfagas con las luces largas como amable saludo, están ampliamente extendidas en el gremio de los caminoneros hacia los  motoristas.

Uno de los vehículos más habituales en las carreteras de Marruecos son los Grand Taxis. Estos medios de transporte tan típicos, podrían definirse como una suerte de autobuses en miniatura que enlazan diferentes localidades entre sí. La característica más importante es que paran en cualquier punto de la carretera (tenga o no arcén) a recoger pasajeros, por lo que, ya puedes estar atento a tus frenos si vas detrás de unos de ellos. Normalmente son vetustos y trillados Mercedes de los años 60´s, 70´s, y 80´s, que tienen licencia para montar hasta 7 pasajeros. En las gasolineras hemo sido observando como los afanados taxistas relleban, una y otra vez de aceite sus automóviles. Una chapita en la parte trasera del coche indica que su velocidad máxima (entre los 90 y 100 km/h), aunque visto las adelantadas y pasadas que experimentamos creo que es solo una advertencia de la velocidad media de crucero que consiguen…

Grand Taxi

Grand Taxi

Disfrutando de la ruta llegamos a Chauen, Chefchauen, Xauen o en rifeño: Accawen, que significa “Los cuernos”, en referencia a las montañas que se divisan desde la ciudad. Dejamos las motos y todo su equipaje en un aparcamiento con “guardien”, una opción totalmente recomendable para motoristas; dejamos chupas, cascos, incluso a mi se me olvidaron los guantes encima de la moto (¡¡oh,oh!!) y amablemente nos los guardaron hasta que volvimos de nuevo. Muy agradecido, porque de haberlos perdido me hubiera quedado con los guantes de invierno, que no los utilicé mas que para bajar de Sevilla a Tarifa. Nada más bajarme de la moto, me ofrecieron hachís, lo cual rechacé amablemente.

Chauen (Accawen: Los cuernos)

Chauen (36.000 hab.) podría definirse como una amalgama de calles azules y blancas que, cual laberinto, tratan de que te pierdas en su interior. Las calles está encaladas, incluso en el suelo, con un color celeste vivo y uno se siente raro al andar pisando un suelo tan colorido. Hace no muchos años era una ciudad sagrada para la religión musulmana, y no se permitía la entrada a los cristianos, incluso eran ejecutados si así lo hacían. La ciudad tiene gran influencia española: fundada por los moriscos expulsados de Al-Ándalus en el siglo XVI, hasta el siglo XX vivía una comunidad judeo-española que hablaba sefardí y fue la última ciudad en retirar la bandera española cuando se produjo la independencia de Marruecos tras el protectorado español. Muchos de los lugareños hablan todavía el castellano con sorprendente soltura: una vez salimos de la medina, otro amable lugareño me ofrecía costo…

Calle típica de Chauen

Gorros rifeños en medina de Chauen

Decidimos quedarnos a comer en Chauen: unos buenos pollos asados, con diferentes especias, como siempre en la cocina magrebí. Tras las viandas, pudimos degustar a mi parecer, del mejor té de todos los que bebimos durante el viaje: estaba condimentado con flores de azahar, lo cual le daba un gusto muy especial.

Continuamos ruta por el carreteras “paraíso de la Van Van”, ya que somos de los vehículos más versátiles y dinámicos: adelantar a diferentes vehículos es una misión factible y totalmente accesible para nuestras motillos. La verdad es que nos divertimos conduciendo por el camino que nos llevaban al cauce del Río Lukus, río con el que nos encontraremos de nuevo al final de nuestra ruta… Trascurre por la llanura del Garb, y su ancho cauce ahora casi seco, nos lleva a pensar riadas y torronteras mayores en otras épocas del año. Las carreteras siguen estando llenas de vida: niños, mujeres con vestidos multicolores, hombres con chilabas, rebaños de cabras, ovejas, vacas, borricos, etc. Pases donde pases o pares donde pares, siempre habrá gente alrededor de la carretera. Lo que se echa en falta son señalizaciones de ruta; es muy posible que durante kilómetros y kilómetros no encuentres un triste mojón que te indique en carretera te encuentras y los carteles indicativos de los cruces son muy simples: una única señal justo antes de la bifurcación con información (casi siempre en árabe y francés) de la ciudad más importante a la que se dirige la carretera, pero en muchas ocasiones de la población más cercana al cruce, sea ésta pequeña o grande, salga o no en los mapas. Así que, es fácil pasarte dicho anuncio y que puedas equivocarte qué dirección debe seguir tu ruta.

Señal Internacional (¿o no?)

Kilómetro a kilómetro pasamos de los escarpados montes del Rif a los valles de la zona de Meknés (Mequínez). Se trata de una zona eminentemente agrícola, ya explotada desde la antigüedad con vestigios de la época romana (Volubilis). No se si estarían locos estos romanos (como decía nuestro amigo Obélix), pero está claro que sabían elegir bien un emplazamiento para desarrollar todos sus negocios. Verdes zonas de cultivo, olivares y frutales se van extendiendo por el camino que nos lleva a la capital de la nueva provincia marroquí por la que nos adentramos y viajaremos en los próximos días. Nos sorprende la ciudad de Ouezzane (60.000 hab.), que se encuentra arracimada en una colina. En sus alrededores, gentío por todas partes: niños en bicicleta haciendo trompos en las rotondas, familias haciendo picnic con toda la parafernalia para preparar el te y parejas paseando nos van saludando.

Ouezzane

Meknes

La entrada a Meknés (850.000 hab.), fue más organizada que la salida de Tánger. Una vez establecidos en el hotel, y tras pactar con el guardien la tarifa por el cuidado de las motos esa noche, nos decidimos a acercarnos a la Medina a buscar un lugar donde cenar. Pluto “el sherpa”, como ya se conocía el percal, decidió preguntar a una lugareña, que nos acercó por las diferentes callejuelas estrechas de la Medina, hasta el Riad Idrissi. Allí pudimos disfrutar de la amabilidad de Mohamed, el propietario. Como quien no quiere la cosa y mientras nos preparaban la cena, Mohamed nos enseñó su Riad (casa de huéspedes) y nos realizó una presentación de los productos (alfombras y alhajas) que tenía en su casa. Una vez cumplido el rito del regateo, alguno aprovechó para comprar algún regalo y así compensar con la familia los días fuera de casa que estábamos viviendo. Después pudimos saborear un cus-cus de cordero, con el sabroso pan marroquí, que es una especie de torta, con la masa esponjosa y la corteza rebozada, en algunos casos aderezada con alguna que otra especia; toda una delicia que pudimos degustar durante toda nuestra estancia en Marruecos.

Una vez que salimos de la Medina sin ninguna dificultad, y viendo las comodidades y atenciones del Riad Idrissi (el cual había valorado por internet), y que además Mohamed nos dijo que no habría problema para meter las motos a resguardo, se me ocurre que podríamos haber dormido allí, en vez de en el desapasionado, comparativamente caro y “europeo” Hotel Ibis.

Medina de Meknes

 

Nos vemos en el siguiente post…

Anuncios
Categorías: Crónicas de rutas, Fotos, Rutas en moto, Viajar con 125 cc | Etiquetas: , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

Navegador de artículos

Un pensamiento en “Suzuki Van Van Morocco (2). Desde el Rif a Meknes

  1. que gozada de viaje

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Un sitio web WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: