Suzuki Van Van Morocco (1). Tánger-Tetuán

Suzuki Van Van Morocco

La crónica de este viaje, comienza en Tarifa, pero el disfrute del viaje empezó mucho antes: aproximadamente en enero de 2014, cuando nos propusimos viajar durante unos 9 días en nuestras Suzuki Van Van para descubrir a nuestro país vecino.

Los preparativos consistieron en repartirnos entre todos los miembros del viaje (9 moteros) los útiles que pudiéramos necesitar en nuestro periplo; desde aparejos mecánicos (herramientas, parches y cámaras de ruedas, tortillería, bidones de gasolina, etc.), pasando por la planificación de posibles rutas, hasta la preparación de un botiquín de urgencia. Aunque apañamos todas las cosas para “no utilizarlas”, ha venido bien tenerlas a punto, ya que, al final por una cosa u otra, hemos ido necesitando muchos de los cachivaches que llevamos en la maleta. Por decirlo de otra manera, si prevés que es posible que haya que llevar una bombilla de recambio, el hecho de que el primer día se funda una, no supone un gran problema; ídem para tensado de cadenas, inflado/desinflado de ruedas, apriete de tortillería o una posible eventualidad gastrointestinal, como iremos viendo a lo largo de estas crónicas.

Los minutos previos y posteriores a embarcarnos en el Ferry en Tarifa, son los que menos cariño les voy a tener de todo el viaje. Un auténtico incordio: tomad papel verde, coged papel amarillo, llevad papel verde, traed papel blanco, rellenad papel amarillo, sellad pasaporte… ¡y la parte contratante de la segunda parte! Todo con prisas, arranca moto, pasa por arco, para la moto, te pongo un sello, poneros en fila, pero un poco en orden, fila de a dos, no de a tres, a ver usted, por detrás, pónganse antes que los coches… Total, luego parados porque el Ferry venía con más de media hora de retraso… Si llegas en moto de los últimos, casi mejor, vas a ir más tranquilo y te van a poner en primera fila para entrar por la disposición que tienen los amarres en el barco… . Conclusión: si vas en Marruecos, ármate de paciencia, hasta que seas engullido por el Ferry de marras.

Tras realizar el embarque, nos vamos despidiendo de España con la estela que deja el pedazo motor que tiene el aparato; podemos observar el Yebel Musa (la “columna de Hércules” que se sitúa en África).

Vista del Yebel Musa (Marruecos) desde el Ferry

Al fondo, Tarifa

En unos 30 minutos, llegamos al puerto de Tánger, donde procedemos de nuevo el “baile de salón” respecto al paso de la frontera (simplemente para entregar papeles, porque ya nos había sellado el pasaporte dentro del Ferry). Esta vez con la aparición de diferentes paisanos buscavidas, como ocurre en todos los puertos fronterizos. Finalmente accedimos a que, tras una pequeño reintegro monetario, unos lugareños nos rellenaran los papeles necesarios para traspasar al otro lado. Aún con todo, la gendarmería fue extremadamente diligente, tenaz y perseverante con los trámites aduaneros sobre todo de los moteros, porque (casualidad de la vida), pasamos la frontera, tras haber pasado todos los vehículos de más de dos ruedas y justo cuando se iba a cerrar el puesto aduanero, ya con el sol poniéndose en lontananza.

Una vez en tierra marroquí, comienza la gente a ofrecernos cambio de moneda, hoteles, comprar algún articulo de lujo (relojes de grandes marcas conocidas a 10 euros), etc… Declinamos las amables ofrecimientos, y nos dirigimos a salir de la ciudad; nuestro destino: rodar hacia la N2, dirección Tetuán.

Sin embargo, como buenos exploradores y una vez ya en un país extranjero, nada más llegar a Tánger decidimos romper las normas básicas que se recomiendan no realizar al llegar a Marruecos en moto. Por un “error” en el GPS, nos saltamos la primera de ellas: la de no entrar a la medina de las ciudades (entiéndase como parte antigua o casco viejo) con la moto, ya que es un lugar de calles estrechas abarrotadas de gente, puestos de vendedores y algún coche despistado. Cuando digo gente, me refiero a un decorado de pobladores de la ciudad comprando, vendiendo, peleando, rezando, paseando, observando, viendo la vida pasar,… Cuando llegamos a la plaza de la Medina de Tánger… Recuerdo la situación: nueve moteros despistados por calles estrechas y empinadas, atronando con Devils, MIVVs sin dB killer, sin saber a donde les conduce la próxima calleja, llegan a una plaza que a mi me recuerda a la del Ayuntamiento de Pamplona el día del chupinazo. Yo decidí bajarme de la moto a ver un mapa de la ciudad, pero la insistencia de una mujer árabe que me agarraba del brazo, diciéndome que me conocía de hace muchos años, me hizo sopesar la situación, e indicar al resto de mis compañeros que nos alejáramos de dicho lugar e intentáramos llegar de nuevo al paseo marítimo. Hubo una duda sobre si seguir las indicaciones de una señal (que era la buena), pero algo en el dialecto arábico de la misma nos creó la duda, y volvimos a pasar, esta vez de bajada, y por una calle menos transitada, por el centro de la Medina. Gracias a las amables indicaciones de varios lugareños conseguimos llegar a la autovía dirección Tetuán.

Camión típico en ruta por Marruecos

La segunda de las normas básicas es tratar de no conducir por la noche. Y esto no es porque vaya a salir la mujer de la curva, si no porque la gente en Marruecos vive por la noche y como iremos relatando, las carreteras son calles. Ya circules por los alrededores de una gran ciudad, te encuentres en el Alto Atlas o en un paraje desértico, siempre hay gente y vida alrededor de las carreteras. Relataré lo que pude ver en nuestro recorrido por la autovía N2 desde Tánger a Tetuán: rotondas en la propia autovía cada varios kilómetros, controles policiales (unos tres o cuatro en apenas 50 km), gente paseando en los arcenes, personas andando por la mediana minúscula de la autovía, bicicletas sin ningún tipo de luz en sentido contrario, autobuses que nos adelantan lijando nuestras motos dejando un reguero de humo y aceite, niños cuidando rebaños de ovejas (cabe decir que no hay vallas para impedir que los animales entren en la calzada), motocarros (Dockers) con escasa iluminación y a velocidades bajas,… Fue un master en conducción según el “maroc style”, lo cual nos vino muy bien para los días posteriores. Como resumen diremos que no conducen mal, solo diferente.

Maroc Style Driving

La llegada a Tetuán fue un alivio para todos. Si no queríamos tráfico, la ciudad se encontraba engalanada por la visita del Rey Mohammed VI a la capital de la Provincia, así que, si la circulación en las grandes ciudades del país es un “caos organizado”, con toda la parafernalia que mueven estos eventos se convirtió en un maremágnum de coches, dockers, camiones y rotondas donde gana el más osado… Gracias a las indicaciones de una amable lugareña, conseguimos llegar al Dream´s Hotel.

Tras una buena cena a base de tajín y una charla comentado todo lo vivido ese día, nos fuimos a las habitaciones del hotel más europeizado de nuestra ruta, salvo por la diferencia de que se podía fumar dentro del hotel (todavía no han llegado las leyes antitabaco al reino alauí, pero todo llegará…).

Algunos de los paisajes que visitaremos en los próximos días:

Moyen Atlas

El Jorf

Gorgues du Dadés

Asilah

Nos vemos en el próximo post…

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Categorías: Crónicas de rutas, Fotos, Rutas en moto, Viajar con 125 cc | Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

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